Capítulo 1: El astronauta y la estrella brillante
Había una vez un astronauta llamado Tomás. Tomás tenía un traje blanco, un casco grande y unas botas que hacían “pum, pum” cuando caminaba. Tomás vivía en una nave espacial, muy lejos de la Tierra, en el cielo lleno de estrellas.
Un día, Tomás miró por la ventana de su nave y vio algo muy especial. ¡Era una nueva planeta! La planeta era redonda y brillante, con colores verdes y azules. Tomás sonrió y dijo:
—¡Qué planeta tan bonito! Nunca la había visto antes. Me pregunto qué secretos guarda.
Tomás decidió que quería aprender todo sobre esa nueva planeta. Preparó su mochila, puso su casco y se abrochó el cinturón.
—¡Vamos a explorar! —dijo Tomás alegremente.
Tomás tenía una misión. Su trabajo era descubrir cosas nuevas en el espacio, cuidar su nave y contarle a todos en la Tierra lo que encontraba. Tomás amaba ser astronauta porque cada día era una aventura llena de maravillas.
Capítulo 2: Un amigo curioso
Cuando Tomás aterrizó en la nueva planeta, se sorprendió mucho. El suelo era suave y saltarín, como una cama elástica. El cielo era de color morado y las piedras brillaban como caramelos de colores.
De pronto, Tomás escuchó una vocecita.
—¡Hola! ¿Quién eres tú?
Era un niño pequeño, con ojos grandes y curiosos. Se llamaba Leo. Leo vivía en la planeta y nunca había visto a un astronauta antes.
—Hola, Leo, soy Tomás. Soy astronauta y vengo de la Tierra —dijo Tomás sonriendo.
Leo miró el traje de Tomás y tocó su casco.
—¿Qué es ser astronauta?
Tomás se agachó para estar a la altura de Leo y le explicó:
—Un astronauta viaja por el espacio. Nosotros exploramos planetas, miramos las estrellas y aprendemos cosas nuevas. También cuidamos nuestras naves y ayudamos a las personas en la Tierra.
Leo abrió los ojos muy grandes.
—¿Puedes saltar alto?
Tomás rió y dio un gran salto.
—¡Sí! Aquí la gravedad es pequeña, así que podemos saltar muy alto. ¿Quieres intentarlo conmigo?
Leo asintió y juntos saltaron y rieron, una y otra vez.
—¡Salta, salta, salta! —decía Tomás.
—¡Salta, salta, salta! —repetía Leo.
Capítulo 3: Descubriendo juntos
Después de saltar, Tomás y Leo se sentaron en una piedra brillante. Tomás sacó una lupa de su mochila.
—Los astronautas usamos herramientas para observar y aprender. Mira, Leo, aquí hay una piedra muy especial.
Leo miró por la lupa y vio colores y formas mágicas en la piedra.
—¿Qué más hacen los astronautas? —preguntó Leo.
Tomás le contó:
—Vivimos en una nave espacial. Dormimos en bolsas de dormir que flotan. Comemos comida en bolsitas y bebemos agua con pajitas. También hablamos con nuestras familias por radio. Y, sobre todo, cuidamos unos de otros y del espacio.
Leo escuchaba muy atento.
—¿Y qué buscas en esta planeta?
Tomás sonrió:
—Busco aprender. Quiero saber si hay plantas, si hay agua, si hay cosas nuevas. Así puedo contárselo a los niños y niñas de la Tierra. Todos podemos aprender juntos.
Leo saltó de alegría.
—¡Quiero ser astronauta como tú!
Tomás le puso el casco un momento y dijo:
—¡Ya eres un pequeño explorador!
Los dos se abrazaron. Miraron el cielo morado, las estrellas y la bonita nave de Tomás.
Tomás le dijo a Leo:
—El espacio es muy grande y bonito. Siempre hay algo nuevo para descubrir. Lo más importante es tener curiosidad, cuidar a los amigos y soñar muy alto.
Leo sonrió y repitió:
—¡Soñar muy alto!
Tomás y Leo saltaron una vez más, riendo juntos bajo las estrellas. Sabían que, con curiosidad y amistad, siempre habría nuevas aventuras por vivir.