Capítulo 1: El primer día se acerca
Tomás es un niño de seis años. Tiene los ojos grandes y marrones, y su pelo es corto y suave como el peluche de su oso favorito. Vive en una casa amarilla, con su mamá, su papá y su hermana pequeña, Lucía.
Hoy Tomás se despierta y huele a pan tostado. El sol entra por la ventana y baila en la pared. Tomás escucha risas suaves abajo. Baja corriendo las escaleras y ve a su mamá preparando la mesa para el desayuno.
—Buenos días, Tomás —dice su mamá sonriendo—. Hoy es un día especial.
Tomás se sienta en su silla favorita y piensa en la escuela. Falta solo un día para volver. Siente mariposas en la barriga. Siente nervios, pero también un poquito de emoción. Mira a mamá y se atreve a preguntar:
—¿Y si no me acuerdo de cómo es la escuela? ¿Y si no encuentro mi clase? ¿Y si nadie quiere jugar conmigo?
Mamá se acerca, lo abraza fuerte y le dice con voz dulce:
—Es normal sentir nervios, Tomás. La escuela es un lugar donde pasan cosas nuevas. Pero nosotros vamos a preparar todo juntos. Así te sentirás más tranquilo.
Papá se une al abrazo y sonríe:
—Recuerda, Tomás, que cada día es una aventura. Tú puedes con todo.
Tomás sonríe un poquito. Le gustan los abrazos de mamá y papá. Le gustan las palabras bonitas.
Después del desayuno, mamá saca una lista colorida:
—Hoy vamos a hacer una pequeña rutina para la vuelta a la escuela. Así cada mañana será más fácil y divertida.
Tomás mira la lista con atención. Hay dibujos de un cepillo de dientes, una mochila, un desayuno, zapatos y un sol sonriente.
—¿Qué es una rutina, mamá? —pregunta Tomás.
—Una rutina es hacer las mismas cosas cada mañana. Así te sientes seguro y preparado, porque sabes lo que va a pasar.
Tomás sopla un poquito de aire y sonríe. Le gusta saber lo que va a pasar. Le gusta sentir que todo está listo.
Juntos, preparan la mochila. Ponen los libros nuevos, los lápices de colores, el estuche y una botella de agua. Mamá enseña a Tomás dónde va cada cosa. Tomás repite los pasos, una vez, dos veces, tres veces. Cada vez se siente más seguro y más fuerte.
Capítulo 2: Preparativos felices
Por la tarde, Tomás y su familia pasean hasta la escuela. El cielo está azul y las nubes parecen dulces de algodón. La escuela es grande y bonita, con una puerta roja y un patio lleno de juegos. Tomás se acerca despacito, de la mano de mamá y papá.
—Mira, Tomás —dice papá—. Todo sigue igual. La puerta, los columpios, la ventana de tu clase.
Tomás observa todo con mucha atención. Ve la clase donde estará. Ve los árboles donde jugó el año pasado. Ve la fuente donde bebió agua y donde cantan los pajaritos.
—¿Recuerdas este lugar, Tomás? —pregunta mamá.
Tomás asiente con la cabeza. Sí, recuerda. Recuerda cómo corrió, cómo saltó, cómo rió. La escuela no es tan extraña como pensaba.
—Cuando llegues mañana, puedes mirar alrededor y recordar todos estos lugares bonitos —dice mamá.
Tomás sonríe. Los lugares son bonitos. El patio es divertido. La puerta roja es grande y brillante.
De vuelta a casa, preparan la ropa para el gran día. Mamá y Tomás doblan una camiseta azul y unos pantalones cómodos. Los zapatos están limpios y lucen como nuevos. Tomás los mira y se imagina caminando con paso seguro hasta su clase.
Después de la cena, la familia se sienta en el sofá. Papá lee un cuento suave sobre un osito que tenía miedo a la escuela, pero que encontró muchos amigos y sonrió todo el día. Lucía, la hermana pequeña, se acurruca junto a Tomás y lo abraza.
—Yo también voy a la guardería mañana —dice Lucía, con voz traviesa.
Tomás sonríe a su hermanita. Piensa que no está solo. Todos empiezan algo nuevo mañana.
Capítulo 3: El gran día
Por la mañana, el despertador canta una melodía alegre. Tomás se despereza como un gatito dormilón. Recuerda la rutina: lavarse la cara, cepillarse los dientes, vestirse, desayunar. Todo lo hace despacito, todo lo hace bien. Mamá lo felicita:
—¡Qué bien lo haces, Tomás! Eres un campeón de las rutinas.
Tomás siente alegría en su corazón. Mete la merienda en la mochila y se pone su chaqueta favorita. Papá prepara un bocadillo especial con forma de estrella y lo mete en la fiambrera. Mamá le da un beso en la frente.
—Hoy será un día bonito, Tomás. Recuerda que si tienes miedo, respira hondo y piensa en algo que te haga feliz.
—Puedo pensar en mis coches de juguete —dice Tomás.
—O en cómo te abrazamos fuerte por la noche —dice mamá.
—O en el bocadillo de estrella —añade papá, guiñando el ojo.
Tomás ríe. Siente que puede con todo. Se despide de Lucía, que agita la mano y le lanza un abrazo imaginario.
En el camino a la escuela, Tomás da pequeños saltos. Ve a otros niños con mochilas grandes y caras sonrientes. Algunos también parecen un poco nerviosos. Mamá le aprieta la mano y se la suelta despacito cuando entran en la puerta roja.
Dentro de la escuela, todo huele a libros nuevos y lápices recién afilados. Tomás ve a la maestra, que sonríe y le da la bienvenida:
—¡Hola, Tomás! ¡Qué alegría verte! Esta será una aventura juntos.
Tomás busca su mesa con su nombre. Tiene una pegatina de dinosaurio. Eso lo hace muy feliz. Se sienta y saca su estuche. Mira a su alrededor. Hay otros niños mirando, algunos sonríen tímidos. Tomás recuerda las palabras de mamá. Respira hondo. Piensa en sus coches de juguete.
Una niña de trenzas rojas le sonríe. Se llama Carla. Tomás le sonríe también.
—¿Te gustan los dinosaurios? —pregunta Carla.
—Me gustan mucho —responde Tomás, mostrando la pegatina.
—A mí también —dice Carla.
Tomás se siente mejor. Se siente valiente. Hay niños que quieren ser amigos. Tomás y Carla hablan de dinosaurios. Pronto, otros niños se acercan. Hablan de sus juegos favoritos y de qué quieren hacer en el recreo.
La maestra propone un juego de presentación. Todos dicen su nombre y algo que les guste hacer. Tomás escucha y aprende los nombres de sus compañeros. Cada vez se siente más cómodo. Cada vez se siente más feliz.
Llega la hora del recreo. Tomás corre, salta, y juega con sus nuevos amigos. Carla le enseña el columpio más rápido. Tomás le enseña a jugar a la rayuela. Ríen, saltan, se abrazan.
Capítulo 4: Confianza y alegría
Después del recreo, Tomás vuelve a la clase. Se siente diferente. Sus mariposas han volado y en su lugar hay lucecitas de alegría. La maestra les cuenta que cada día aprenderán cosas nuevas. Aprenderán a leer, a sumar, a dibujar. Tomás escucha con atención. Se imagina descubriendo palabras mágicas y pintando con todos los colores del arcoíris.
Cuando termina el día, Tomás recoge sus cosas con cuidado. Baja las escaleras y ve a mamá y papá esperándolo en la puerta roja. Lucía también está allí, saltando de emoción.
—¿Cómo te ha ido, campeón? —pregunta papá.
Tomás sonríe grande, grande.
—¡Me ha ido muy bien! He hecho nuevos amigos, he jugado en el patio, y mi maestra es muy simpática. ¡Y ya no tengo miedo!
Mamá lo abraza fuerte.
—Estamos muy orgullosos de ti, Tomás. Lo has hecho genial.
Tomás siente que puede con todo. Camina a casa de la mano de su familia. Lucía le pregunta por sus amigos. Papá le cuenta un chiste. Mamá le guiña el ojo.
Esa noche, Tomás se acuesta feliz. Recuerda su día y sonríe antes de dormir. Piensa en la rutina, en la mochila, en la puerta roja. Piensa en Carla y en los columpios, en la maestra y en los lápices de colores. Siente que la escuela es un lugar seguro, alegre y lleno de sorpresas.
Antes de cerrar los ojos, Tomás susurra:
—Mañana, otra aventura.
Y así, Tomás aprende que los nervios pueden convertirse en alegría, que las rutinas ayudan a sentirse fuerte, y que cada día en la escuela es una nueva oportunidad para descubrir, aprender y sonreír.