Capítulo 1
—Hola, ¿dónde estoy? —susurró Nino, el pequeño yéti de pelaje blanco y suave como la nieve.
El suelo era de nubes azules. ¡Las nubes blanditas lo hacían reír! El cielo tenía mil colores, violetas, rosas y dorados, y, encima de él, flotaba un castillo de cristal con torres que brillaban como lucecitas. Mariposas luminosas bailaban alrededor.
De pronto, una voz suave lo llamó:
—Ven, no tengas miedo, Nino.
Era un collar dorado con una piedrita azul, colgado en una puerta flotante. El collar tenía ojos chispeantes y una sonrisa dulce.
—¡Eres un collar que habla! —dijo Nino sorprendido—. ¿Sabes cómo salir de aquí?
—Claro, Nino. Pero primero necesitas ayudar a alguien que busca paz —explicó el collar—. ¿Ves esa sombra elegante en la ventana más alta?
En la ventana, un ser con capa morada y piel pálida miraba hacia el cielo.
Capítulo 2
Nino subió corriendo por escaleras de nubes hasta la ventana. Allí, el vampiro lo esperaba. Su capa era suave como el terciopelo y sus ojos, tristes pero bondadosos.
—Hola, pequeño yéti —dijo el vampiro muy bajito—. Me llamo Vilo. Hace mucho tiempo, yo cuidaba este castillo, pero una sombra oscura llegó y lastimó la tierra. Quiero ayudar a curar la herida, pero solo no puedo.
Nino miró a Vilo y le sonrió:
—¡No estás solo! Yo te ayudaré. Somos amigos ahora.
El collar habló desde el cuello de Nino:
—Para curar la tierra, hay que encontrar la puerta escondida y cruzar juntos.
Los tres caminaron por pasillos de cristal. El viento cantaba y las estrellas danzaban sobre sus cabezas. De repente, una puerta negra se abrió. Un aire frío sopló y todo se oscureció un poquito.
—¡Tengo miedo! —dijo Nino.
Vilo lo tomó de la mano:
—Yo también, pero juntos somos valientes.
El collar susurró palabras dulces:
—Los amigos se cuidan. La luz vuelve cuando hay amor.
Capítulo 3
Dentro del pasillo oscuro, Nino vio una grieta en el suelo. Por ella salía una luz roja triste.
—Aquí está la herida —dijo Vilo.
Juntos, pusieron sus manos sobre la grieta. El collar empezó a brillar con luz azul y cálida. Nino y Vilo cantaron bajito, una canción de amigos y sueños bonitos.
Poco a poco, la grieta se cerró. La tierra debajo del castillo sonrió. Flores mágicas crecieron, llenas de colores, y el sol volvió a brillar sobre las nubes.
—¡Lo logramos! —exclamó Nino.
Vilo le dio un gran abrazo:
—Gracias, amigo yéti. Ahora hay paz y alegría en el castillo.
El collar reía y bailaba alrededor de ellos:
—Juntos, nada es imposible. La amistad cura el mundo.
Y así, Nino, Vilo y el collar mágico bailaron entre las nubes, llenos de felicidad y magia, siempre juntos.