Cargando...
Cuento sobre el miedo a la oscuridad 7/8 años Lectura 11 min. (1)

Lucía y el secreto amable de la oscuridad

Lucía aprende a enfrentar su miedo a la oscuridad con la ayuda de sus padres y herramientas sencillas como una linterna, la respiración y frases tranquilizadoras.

Descargar este cuento en PDF

¡Ideal para compartir o imprimir este cuento!

Descargar el e-book (.epub)

Lea este cuento en su lector de libros electrónicos.

Una niña de 8 años de rostro redondo y coleta desordenada, expresión a la vez preocupada y valiente, sostiene una pequeña linterna amarilla encendida y está sentada en una cama con edredón azul estrellado; la madre, unos 35 años, cabello castaño claro recogido y sonrisa dulce, se sienta al borde de la cama con una mano tranquilizadora en el hombro de la niña; el padre, unos 37 años, con camisa informal sostiene una caja abierta con una linterna y una pelota antiestrés roja, de pie junto al armario en segundo plano; la habitación nocturna tiene paredes azul noche degradado, una ventana con cortina semiabierta deja entrar una franja de luz del pasillo, una estantería con peluches, sobre todo un oso marrón junto a la niña, y una silla con una camiseta que proyecta una sombra larga; la escena transmite calma y seguridad: la niña enciende la linterna para domar la sombra y los padres la apoyan, con contraste entre sombras azuladas y el halo cálido de la linterna. reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1: La luz que se apaga

Lucía tenía ocho años y una voz suave, como si sus palabras llevaran calcetines para no hacer ruido. Aquella noche, después de la cena, se lavó los dientes con espuma por toda la boca y se miró al espejo.

“Pareces un perrito con bigote”, bromeó su papá desde la puerta.

Lucía se rió, escupió, y se enjuagó. Luego caminó hacia su habitación con su pijama de estrellas. En el pasillo, la luz era amarilla y calentita. En su cuarto, la lámpara de la mesita dejaba un círculo brillante sobre el libro que había leído por la tarde.

Su mamá le dio un beso en la frente.

“¿Lista para dormir?”

Lucía asintió… pero por dentro no estaba tan lista.

Cuando su mamá apagó la luz grande del techo, el cuarto cambió. No pasó nada malo. Era el mismo cuarto: su armario, su silla, su estantería con peluches. Aun así, a Lucía se le apretó un poquito el pecho, como si su corazón se hubiera sentado demasiado cerca de ella.

“¿Puedes dejar la puerta un poquito abierta?”, pidió en voz baja.

“Claro”, dijo su mamá, y dejó una rendija por donde se colaba una línea de luz del pasillo.

Lucía se metió bajo la manta. La oscuridad no era negra del todo; era como un color azul suave. Aun así, los muebles parecían más grandes. La silla, con la camiseta colgada, parecía alguien sentado.

Lucía tragó saliva.

“Es solo la silla”, se dijo. Pero su imaginación, que era muy buena para inventar juegos, a veces también inventaba nervios.

Su mamá volvió a asomarse.

“¿Todo bien, cielo?”

Lucía dudó. No quería que pensaran que era bebé. Pero tampoco quería quedarse con el miedo sola, como una galleta olvidada en el plato.

“Mamá… cuando está oscuro, mi cuarto se siente raro.”

Su mamá entró y se sentó en la cama.

“Gracias por decírmelo. A veces el cerebro hace dibujos con las sombras. No es culpa tuya.”

Lucía soltó el aire despacito. Le gustaba esa frase: “Gracias por decírmelo”. Sonaba a abrazo.

“Vamos a conocer la oscuridad con calma”, propuso su mamá. “Como cuando conoces a alguien nuevo en el parque.”

Lucía levantó una ceja.

“¿La oscuridad tiene nombre?”

“Podemos ponerle uno”, dijo su mamá. “¿Qué tal… Sombra?”

Lucía sonrió un poco. “Sombra suena como un gato.”

Capítulo 2: El club de las sombras

A la noche siguiente, su papá apareció con una caja pequeña.

“Traigo herramientas secretas”, anunció, como si fuera un explorador.

Dentro había una linterna, un frasquito con purpurina y una pelota antiestrés.

“Esto no es magia”, explicó su papá, “pero ayuda al cuerpo a entender que está a salvo.”

Lucía tocó la linterna. Era fría y lisa. La encendió y la apagó varias veces. Un clic, y ¡luz! Otro clic, y oscuridad.

“Yo mando”, dijo Lucía, y le dio risa.

“Exacto”, respondió su papá. “Tú mandas.”

Se sentaron en la cama y jugaron a “adivina qué es”. Su papá apuntó la linterna a la pared y movió la mano.

“¡Un pato!”, gritó Lucía al ver la sombra.

Luego hizo un conejo.

“Ese conejo necesita una zanahoria”, dijo Lucía.

“Está a dieta”, bromeó su papá.

Después, su mamá trajo una hoja y un lápiz.

“Hagamos un mapa del cuarto”, dijo. “Con luz y con oscuridad.”

Dibujaron la cama, el armario, la silla, la estantería. Luego, con la linterna apagada, Lucía miró la habitación y señaló:

“Cuando está oscuro, esa esquina parece un monstruo.”

Su mamá se acercó a la esquina y encendió la linterna. Solo era una pila de ropa doblada y una mochila.

“El monstruo se llama ‘Mochi-ropa'”, dijo su papá con voz seria.

Lucía soltó una carcajada.

“¡Qué nombre tan tonto!”

Su mamá le enseñó un truco simple:

“Cuando sientas ese apretón, ponemos una mano en la barriga y respiramos como si olieras una sopa rica.”

Lucía lo intentó.

“Inhalo… huelo sopa.”

“Exhalo… soplo para enfriarla”, añadió su mamá.

Repitieron tres veces. El cuerpo de Lucía se aflojó un poquito, como un lazo que se desata.

“También podemos hacer una frase de noche”, propuso su papá. “Una frase que te acompañe.”

Lucía pensó.

“‘Estoy en mi cama, estoy a salvo'.”

“Perfecto”, dijo su mamá. “Y nosotros estamos cerca.”

Esa noche, la luz se apagó igual que siempre, pero Lucía no estaba sola con su miedo. Tenía su linterna, su respiración de sopa y su frase.

Capítulo 3: El sonido del silencio

Unos días después, Lucía se despertó por la noche. No era una pesadilla. Solo había abierto los ojos y todo estaba oscuro. Escuchó el silencio, ese silencio que suena como “shhh” sin que nadie lo diga.

En la ventana, la calle parecía dormida. La rendija de la puerta todavía dejaba pasar una línea de luz.

Lucía sintió el cosquilleo del miedo en los dedos. Entonces recordó: “herramientas secretas”.

Buscó la linterna en la mesita. La encendió un poquito, sin apuntar a su cara.

La habitación apareció por partes: la estantería, la silla, el suelo.

Nada había cambiado.

Aun así, la oscuridad seguía allí, esperando. Lucía pensó en lo que había dicho su mamá: “el cerebro hace dibujos”.

“Hola, Sombra”, susurró, como si hablara con un gato invisible. “No tienes que asustarme. Solo estás aquí porque es de noche.”

Escuchó un ruido pequeño: “tic, tic”. Era el reloj. Otro sonido: un “crack” suave. Lucía se tensó. Miró con la linterna.

Era la madera del armario, que a veces sonaba cuando cambiaba la temperatura.

“Ah, eres tú”, murmuró Lucía. “Pensé que eras un dragón, pero eres un armario que se estira.”

Le dio risa su propio pensamiento.

Intentó el truco de la sopa:

Inhalo… huelo sopa. Exhalo… la enfrío.

Su pecho se calmó.

Entonces se dio cuenta de algo: en la oscuridad también pasaban cosas bonitas. El aire era fresco. La manta era suave. Y el silencio era como una pausa para descansar.

Lucía apagó la linterna por un momento. Miró la habitación sin luz.

No veía todo, pero sí podía sentir: la cama era firme, la almohada era blandita, y su peluche de oso estaba junto a ella.

“Si no veo, puedo escuchar y tocar”, pensó. “Eso también sirve.”

Se levantó un poquito y fue hasta la puerta, sin prisa. Llamó con la mano, suave.

“Mamá…”

Su mamá apareció casi enseguida, con el pelo un poco despeinado.

“Hola, amor. ¿Qué pasa?”

“Me desperté y me dio un poquito de miedo. Pero ya lo estoy entendiendo. Solo quería un abrazo corto.”

Su mamá la abrazó. Un abrazo de tres respiraciones, como habían acordado.

“Estoy aquí”, dijo su mamá. “Tu miedo es una señal, y tú estás aprendiendo a escucharlo sin dejar que mande.”

Lucía asintió, con la cara en el hombro de su mamá. Le gustaba sentir ese calor tranquilo.

Su mamá no hizo un drama. No encendió todas las luces. Solo le acarició el cabello y dijo:

“Volvemos a la cama. Paso a paso.”

Capítulo 4: Una noche con corazón ligero

De vuelta en la cama, Lucía acomodó su oso y dejó la linterna en su sitio.

“Quiero probar algo”, dijo Lucía.

“Dime”, respondió su mamá, sentándose al borde.

Lucía apagó la luz de la mesita, pero mantuvo la puerta entreabierta. La línea de luz del pasillo parecía una sonrisa flaquita en el suelo.

“Voy a contar tres cosas que sí me gustan de la noche”, anunció.

“Me encanta esa idea”, dijo su mamá.

Lucía pensó.

“Uno: en la noche, las voces son bajitas.”

“Dos: la manta se siente más calentita.”

“Tres: puedo imaginar estrellas aunque no las vea.”

Su mamá sonrió.

“Yo también digo tres”, dijo.

“Uno: escucho tu respiración y me calma.”

“Dos: la casa descansa.”

“Tres: mañana empezamos un día nuevo.”

Lucía apretó la pelota antiestrés una vez, solo por recordar que tenía fuerza en la mano. Luego la dejó. No la necesitaba tanto.

Repitió su frase:

“Estoy en mi cama, estoy a salvo.”

Su mamá la repitió con ella, como un eco amable.

Antes de irse, su mamá miró la silla.

“¿Colgamos la camiseta dentro del armario para que la silla no parezca ‘alguien'?”

“Sí, por favor”, dijo Lucía.

Su mamá lo hizo, y la silla volvió a ser solo una silla, aburrida y perfecta.

“Buenas noches, Sombra”, susurró Lucía, sin burla y sin miedo grande. Era más como cuando saludas a la lluvia: no la controlas, pero puedes llevar paraguas.

“Buenas noches, Lucía”, respondió su mamá.

Su mamá salió dejando la puerta un poquito abierta, como siempre. Lucía se acomodó. El cuarto era oscuro, sí, pero ahora la oscuridad no era un enemigo. Era un lugar tranquilo donde sus ojos descansaban.

Lucía respiró despacio, como si enfriara sopa invisible. Escuchó el tic-tic del reloj, que sonaba como pasos pequeñitos y ordenados. Pensó: “Mi familia está cerca. Mi cuerpo sabe dormir. Yo puedo.”

Y, con el corazón ligero, Lucía cerró los ojos y volvió a dormirse, segura en su cama.

Sin publicidad 3€ por mes

¿Desea una lectura sin interrupciones? Apoye a Oh My Tales, elimine todos los anuncios y disfrute de otras ventajas incluidas desde 3€ al mes.

Ver los planes y tarifas
Compartir

reportar un problema con este cuento

¿Qué pensaste de este cuento?

Dén su opinión asignando una nota a este cuento según lo que usted y/o su hijo piensan al respecto. ¡Gracias de antemano!

¡Gracias! ¡Su calificación ha sido tomada en cuenta!

Calificación actual: 5 sobre 5 (1 opiniones)

El cuestionario: ¿has entendido bien el cuento?

Calcetines
Prendas que se ponen en los pies para calentarlos o cubrirlos.
Rendija
Pequeña abertura por donde entra un poco de luz o aire.
Estantería
Mueble con repisas donde se colocan libros o juguetes.
Purpurina
Brillantitos pequeños que se usan para decorar cosas.
Pelota antiestrés
Pelota blanda que se aprieta para calmar el cuerpo y la mente.
Apretó
Acción de hacer fuerza con las manos o el cuerpo hacia algo.
Carcajada
Risa fuerte y sonora que se hace cuando algo es muy gracioso.
Tic, tic
Sonido repetido y pequeño, como el de un reloj.

¡Crea un cuento mágico y único para su hijo!

Cree una aventura personalizada en solo unos minutos donde su hijo se convierte en el héroe. ¡Con nuestra herramienta exclusiva, es fácil, gratuito y divertido!

Crear un cuento

Descargue este cuento:

Descargar este cuento en PDF Descargar el e-book (.epub)

Para leer a continuación en Cuentos sobre el miedo a la oscuridad para 7/8 años

¡Recibe nuevos cuentos cada domingo por la noche!

Reciba 7 cuentos emocionantes y cautivadores, adaptados a la edad y gustos de su hijo, cada domingo a las 17h*. ¡Es gratis y garantizado sin spam!
*Correo enviado a las 17h, hora de Europa Central (CET).
No nos gusta tampoco el spam. Así que solo le enviaremos cuentos. Podrá darse de baja cuando lo desee.