Capítulo 1: Un día lluvioso en el parque
Era una mañana brillante, pero en el cielo se veían muchas nubes grandes y grises. Hugo, Sofía y Tomás estaban listos para ir al parque. Hugo llevaba un gorro rojo, Sofía tenía su paraguas de flores y Tomás sus botas amarillas de agua. Los tres niños tenían casi seis años y les encantaba jugar juntos todos los días.
—¡Vamos al parque! —gritó Sofía con alegría.
—Sí, quiero ver los patos —añadió Tomás saltando.
Los tres amigos corrieron hasta el parque. El césped estaba muy verde y brillante, pero había muchos charcos. Los charcos eran grandes, mucho más grandes que otros años. Hugo miró los charcos extrañado.
—Antes no había tantos charcos —dijo Hugo.
—Es verdad, hay agua por todas partes —dijo Sofía mirando el césped mojadito.
—¡Parece un lago! —exclamó Tomás y empezó a saltar en un charco, salpicando a todos.
De repente, comenzó a llover muy fuerte. ¡Plaf, plaf, plaf! Las gotas caían haciendo música sobre los paraguas y las botas. Los niños corrieron a refugiarse bajo un árbol grande.
—Hace poco llueve mucho y muy fuerte —dijo Sofía.
—Antes no llovía así —añadió Hugo mirando el cielo gris.
—¿Por qué cambia tanto el tiempo? —preguntó Tomás.
Los tres amigos se quedaron un rato pensando. El agua seguía corriendo por la calle, llevando hojas y ramitas.
Capítulo 2: Preguntas y respuestas
Al llegar a casa, Hugo decidió preguntar a su abuela.
—Abuela, ¿por qué llueve tanto ahora? ¿Por qué el parque tiene tantos charcos?
La abuela sonrió y lo sentó en sus rodillas.
—Hugo, nuestro planeta está cambiando. Eso se llama cambio climático. A veces hace más calor y a veces hay más lluvia de lo normal.
Hugo abrió los ojos muy grandes.
—¿Qué es el cambio climático?
—Significa que la Tierra se calienta porque usamos muchos coches, cortamos muchos árboles y tiramos basura. Todo eso hace que el clima cambie. Por eso llueve más y hay más inundaciones.
—¿Podemos hacer algo? —preguntó Hugo.
—¡Claro que sí! —respondió la abuela—. Podemos cuidar la naturaleza, usar menos el coche, reciclar y ayudar a los animales. Cada pequeña acción ayuda mucho.
Hugo pensó en sus amigos. Quería contarles lo que había aprendido.
Al día siguiente, en la escuela, Hugo les dijo a Sofía y Tomás:
—Mi abuela me explicó que la Tierra está triste cuando la ensuciamos o usamos mucho el coche. Por eso llueve tanto. Se llama cambio climático.
—¿Podemos ayudar? —preguntó Sofía.
—¡Sí! —dijo Hugo—. Podemos cuidar el planeta juntos.
Capítulo 3: Pequeñas grandes acciones
Los tres amigos decidieron empezar a ayudar. Pensaron y pensaron. Tenían muchas ideas.
Primero, Sofía propuso:
—Vamos a recoger la basura del parque.
Los tres llevaron bolsas y guantes. Recolectaron papeles, botellas y envoltorios. Rieron mucho cuando encontraron un zapato perdido y una cuchara de plástico.
—¡Ahora el parque está más limpio! —dijo Tomás contento.
Luego, Hugo tuvo otra idea:
—Podemos plantar árboles con mi abuela. Los árboles ayudan a que el aire sea limpio y absorben el agua de la lluvia.
Fueron juntos al jardín de la abuela de Hugo. Plantaron semillas de girasol y de árbol pequeño. Regaron las semillas y cantaron una canción para ellas.
—Crecen mejor si les hablamos —dijo la abuela sonriendo.
—Hola, semillas. Crezcan fuertes y altas —dijo Sofía.
Tomás les sopló un besito.
Después, Tomás propuso:
—Podemos ir caminando a la escuela y no usar tanto el coche.
Desde ese día, cada mañana, los tres amigos iban juntos caminando. Salían temprano y jugaban a contar mariposas en el camino.
—Vamos, un paso, dos pasos, ¡caminamos al cole! —cantaban en voz alta.
También aprendieron a reciclar en casa. Separaban los papeles, los plásticos y las latas. Pegaron dibujos en las papeleras para que todos supieran dónde tirar cada cosa.
—¡Reciclar es divertido! —decía Sofía saltando.
Todos los días hacían algo pequeño para cuidar el planeta.
Capítulo 4: Compartiendo y ayudando
Un día, la maestra les pidió hablar en clase sobre el clima.
—¿Alguien sabe por qué llueve tanto? —preguntó la maestra.
Hugo levantó la mano.
—Es por el cambio climático. Debemos cuidar la Tierra para que no se ponga triste.
Sofía y Tomás contaron cómo recogieron basura, plantaron árboles y caminaban al cole.
La maestra sonrió y todos los niños aplaudieron.
—¿Podemos hacer un grupo para ayudar al planeta? —preguntó Hugo.
—¡Sí, sí! —gritaron todos.
Formaron el grupo “Amigos de la Tierra”. Hicieron carteles de colores con dibujos de árboles, flores y animales sonrientes. Pegaron los carteles en la escuela y en la entrada del parque.
—Cuidar el planeta es cosa de todos —dijo Sofía.
—Podemos hacer cosas pequeñas cada día —añadió Tomás.
Los adultos también los ayudaron. Los padres empezaron a reciclar, a usar menos el coche y a plantar flores en los balcones. Todos hablaban de ayudar al planeta y de cuidar el agua y el aire.
Capítulo 5: Un parque feliz y un futuro diferente
Pasaron los meses. El parque estaba más limpio y bonito. Había menos basura y más árboles pequeños creciendo. Los charcos eran más pequeños porque los árboles bebían mucha agua.
—¡Mira cómo crecen los girasoles! —dijo Sofía.
—Las ardillas juegan y los pájaros cantan más —dijo Tomás.
—La Tierra está más contenta —sonrió Hugo.
Los tres amigos siguieron caminando al colegio, recogiendo basura y cuidando las plantas. Siempre se decían cosas bonitas:
—¡Juntos podemos ayudar!
—¡Pequeñas cosas hacen una gran diferencia!
—¡El planeta nos necesita!
Un día, Hugo miró a sus amigos y sonrió.
—Gracias por ayudarme a cuidar nuestro mundo.
Sofía y Tomás le dieron un gran abrazo.
—¡Somos los mejores amigos de la Tierra!
Así, Hugo, Sofía y Tomás aprendieron que aunque son pequeños, con acciones buenas y alegres pueden cambiar el mundo. Si todos cuidan la Tierra, la Tierra sonríe. Y si la Tierra sonríe, todos somos más felices.
Y cada vez que veían una nube gris o sentían la lluvia, sabían que podían ayudar. Porque cada pequeño gesto cuida el planeta y hace que el futuro sea brillante y colorido para todos.