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Cuento sobre la mentira 3/4 años Lectura 5 min.

La pelota de la verdad

Cuatro amigos juegan con una pelota que se ensucia y uno de ellos teme contar la verdad; la historia explora el valor de la honestidad y la amistad.

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Hay 4 niños de 6 años: Sofía (cabello castaño liso en coletas, vestido amarillo con lunares blancos), arrodillada a la izquierda del círculo sonriendo y extendiendo la mano hacia la pelota; Juan (pelo negro corto, camiseta azul), de rodillas a la derecha de Sofía, sosteniendo un papel para limpiar la pelota; Mateo (pelo castaño rizado, suéter verde), detrás de la pelota en el centro trasero, sujeta la pelota roja de madera contra el pecho con expresión tímida y apenada; Lucía (pelo rubio trenzado, vestido rojo), sentada a la derecha de Mateo, besa suavemente su hombro mirándolo con ternura. Escenario: diorama de patio escolar sobre una mesa de madera clara: suelo de arena fina pintado, un pequeño arbusto de fieltro detrás de los niños, un banco azul al fondo y un rayo de sol pintado en amarillo que ilumina la escena. Situación principal: la pelota roja de madera tiene una mancha de barro marrón claro en un lado; Mateo la sostiene en el centro mientras los otros niños lo rodean; Sofía y Juan ofrecen limpiarla y Lucía lo consuela. Estilo: juguete de madera, colores vivos, texturas visibles (vetas de la madera, pintura mate), iluminación suave y contrastes tenues. reportar un problema con esta imagen

En el patio de la escuela, Sofía, Juan, Mateo y Lucía juegan juntos todas las mañanas. Les gusta correr, saltar y reírse bajo el sol brillante. Hoy han traído una pelota roja muy bonita. La pelota salta y brilla cuando la lanzan.

Sofía dice: “¡Vamos a jugar a pasar la pelota!” Todos están de acuerdo. Se sientan en círculo y empiezan a pasarse la pelota despacio. Primero la tiene Lucía, luego Mateo, después Juan y al final Sofía. Todos sonríen y sus caritas brillan de alegría.

De repente, la pelota rueda un poco lejos, hasta detrás de un arbusto. Mateo corre rápido y la recoge. Cuando vuelve, tiene una sonrisa muy grande. “¡La encontré!” dice orgulloso.

Pero Juan mira la pelota y ve una pequeña mancha de barro. Se sorprende porque antes no estaba. Mira a Mateo y le pregunta: “¿La pelota se ensució?”

Mateo baja la mirada y responde: “No, no pasó nada.” Pero su voz suena bajita y su cara parece seria. Lucía se acerca y pregunta: “¿Seguro, Mateo?” Mateo no responde, solo aprieta la pelota entre sus manos.

Sofía se da cuenta de que algo está raro. Ella se acerca a Mateo y le dice con voz suave: “No pasa nada si la pelota se ensució. Podemos limpiarla.” Mateo no dice nada, pero sus ojos se llenan de lágrimas pequeñitas.

Lucía abraza a Mateo y le susurra: “Está bien decir la verdad. Todos cometemos errores.” Mateo respira hondo y dice despacio: “La pelota cayó en el barro. Me dio miedo decirlo. No quería que se enfadaran conmigo.”

Juan se agacha y le mira a los ojos. “No estamos enfadados, Mateo. Solo queremos jugar contigo y con la pelota. Podemos limpiarla juntos”, dice Juan, sonriendo.

Sofía asiente y dice: “Cuando decimos la verdad, todos confiamos y nos sentimos mejor.” Los cuatro amigos se miran y sienten una calidez en el pecho. Mateo limpia una lágrima de su mejilla y sonríe.

Juntos, van a buscar un poco de agua. Lucía sostiene la pelota, Juan trae un poco de papel, y Sofía ayuda a limpiar la mancha despacito. Mateo se siente feliz porque sus amigos le ayudan. Mientras limpian, Sofía dice: “A veces tenemos miedo de decir la verdad. Pero está bien. Aquí somos amigos y nos ayudamos.”

Mateo sonríe y dice: “Gracias por confiar en mí.” Lucía le da la mano y le dice: “Somos un equipo. Todos podemos equivocarnos.” Juan añade: “Y siempre podemos arreglarlo juntos.”

Cuando la pelota está limpia, vuelven al círculo. Esta vez, Mateo pasa la pelota primero. Todos ríen otra vez, y el sol parece brillar más fuerte. Se sienten contentos porque se ayudan y se escuchan.

Al final del día, la maestra viene a buscarlos. “¿Lo han pasado bien?” pregunta con una sonrisa. Lucía responde: “Sí, hemos aprendido algo bonito.” La maestra se agacha y pregunta: “¿Qué han aprendido?”

Sofía dice: “Que es importante decir la verdad.” Mateo agrega: “Y que los amigos nos ayudan si decimos la verdad, aunque tengamos miedo.” Juan y Lucía asienten muy contentos.

La maestra les abraza y les dice: “La confianza es como un puente. Se hace más fuerte cuando decimos la verdad y nos ayudamos.”

Salen del patio de la mano, con el corazón tranquilo y alegre. Saben que pueden confiar los unos en los otros. Si pasan cosas pequeñas o grandes, saben que hablando y diciendo la verdad, todo se puede arreglar.

En casa, antes de dormir, Sofía piensa en sus amigos y en la pelota. Sonríe al recordar el abrazo de Lucía y las palabras de Juan. Se siente segura y feliz, porque sabe que siempre podrá contar la verdad, y sus amigos estarán allí para escucharla y ayudarla.

Mañana volverán al patio. Jugarán y reirán, con la pelota limpia y el corazón lleno de confianza. Ahora saben que la verdad es suave y cálida, como un abrazo de amigo, y que juntos siempre es mejor.

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Patio
Lugar abierto de la escuela donde los niños juegan y corren.
Brillante
Que refleja luz y parece muy claro o bonito al sol.
Arbusto
Planta baja y con muchas ramas donde la pelota pudo esconderse.
Orgullo
Sentir alegría por algo que hiciste o encontraste.
Mancha
Marca sucia que queda en la pelota o en la ropa.
Barro
Tierra mojada que puede ensuciar las manos o la pelota.
Lágrimas pequeñitas
Gotas de agua que salen de los ojos cuando alguien está triste.
Una lágrima de su mejilla
Una sola gota de los ojos que baja por la cara.
Confianza
Sentir seguridad con los amigos y creer en ellos.
Calidez
Sentir algo suave y cálido en el pecho, como un abrazo.
Equipo
Grupo de amigos que se ayudan y juegan juntos.
Maestra
Persona que enseña a los niños en la escuela.
Puente
Algo que une dos lados; aquí es una idea que une a las personas.
Arreglarlo
Hacer que algo sucio o roto vuelva a estar bien otra vez.

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