Cargando...
Pequeños aventureros 7/8 años Lectura 11 min.

La misión de la barandilla: una aventura hasta el mirador

Luna y su amigo Nico convierten el pasillo y la barandilla del edificio en una gran aventura, enfrentando obstáculos cotidianos, pidiendo ayuda cuando hace falta y descubriendo pequeñas maravillas en su camino.

Descargar este cuento en PDF

¡Ideal para compartir o imprimir este cuento!

Descargar el e-book (.epub)

Lea este cuento en su lector de libros electrónicos.

Luna, 8 años, rostro redondo y cabello castaño al viento, alegre y concentrada, con la mano derecha en una barandilla metálica brillante y la otra sosteniendo una pequeña cámara con sticker de gato, avanza por una escalera en hélice; Nico, 8 años, cabello negro con flequillo rebelde y sonrisa traviesa, toma la mano de Luna o va detrás, con calcetines desparejados visibles; la señora Clara, unos 60 años, pelo gris recogido y zapatos con flores, junto a una puerta del pasillo aparta una caja etiquetada FRÁGIL mirando a los niños con benevolencia; el pasillo luminoso se convierte en un mapa imaginario con paredes crema, barandilla en espiral, alfombra roja como camino, puertas coloridas y luz cálida de lucernarios; al fondo la puerta del mirador abierta muestra una terraza y tejados; los niños suben la escalera guiados por la barandilla mientras Luna fotografía detalles y Nico protege riendo, en una atmósfera de aventura suave, colores vivos y contornos definidos. reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1: La misión de la barandilla

Luna tenía 8 años y una curiosidad que parecía una linterna siempre encendida. Vivía en un edificio con un pasillo largo, una escalera en espiral y una barandilla fría y brillante que acompañaba cada paso.

Aquella tarde, mientras su mamá doblaba ropa y tarareaba una canción, Luna encontró una nota en la mesa. No era una nota de verdad, claro. La había escrito ella misma con un rotulador morado, pero eso no le quitaba magia:

“MISIÓN: seguir la barandilla hasta el mirador. Regla 1: mano en la barandilla. Regla 2: ojos atentos. Regla 3: alegría.”

Luna se la leyó en voz alta y se puso seria, como una exploradora.

“¡Mamá! Me voy de aventura.”

Su mamá levantó una ceja, sonriendo.

“¿Aventura… por el pasillo?”

“Sí. Es una aventura de las seguras. Voy a seguir la barandilla hasta el mirador.”

“Entonces, capitana Luna, lleva tu botella de agua y tu chaqueta. Y si necesitas ayuda, me llamas.”

Luna asintió con mucha importancia. Se colgó una bolsita pequeña, metió una botella, una galleta y su cámara de fotos infantil, la que tenía una pegatina de un gato con bigotes.

En la puerta la esperaba Nico, su vecino. Tenía 8 también, un flequillo rebelde y una risa que hacía cosquillas.

“¿A dónde vas con esa cara de detective?”

“Al mirador. Siguiendo la barandilla. Es mi misión.”

Nico miró la barandilla como si fuera una serpiente dormida.

“¿Y si se acaba?”

“Entonces… improvisamos.”

“Eso suena divertido. ¿Puedo ser tu ayudante?”

“Puedes ser el encargado de los ‘peligros imaginarios'.”

Nico se puso un dedo en la barbilla.

“Peligro número uno: una baldosa que cruje.”

Luna se rió.

“Peligro controlado.”

Y así, con una mano en la barandilla y el corazón contento, empezó la expedición más cercana y, a la vez, más importante del mundo.

Capítulo 2: El pasillo se vuelve un mapa

La barandilla guiaba a Luna como una cuerda mágica. Su mano se deslizaba suave, y cada pocos pasos ella decía:

“Registro de exploración: seguimos.”

El pasillo, que otros días era solo pasillo, hoy era un mapa enorme. La alfombra se convirtió en un camino de tierra roja. Las puertas de los vecinos parecían cuevas con tesoros. Y las plantas en macetas eran una mini selva.

Nico caminaba al lado, haciendo sonidos de trompeta con la boca.

“¡Tuu-tu-tu! Aviso de… ¡peligro número dos! Una sombra sospechosa.”

La sombra era de un perchero con chaquetas.

Luna se agachó y susurró:

“Somos valientes. Además, las chaquetas no muerden.”

Pasaron. Nada mordió a nadie. Nico hizo un saludo militar.

En la escalera, la barandilla cambiaba de forma. Subía en espiral, como un caracol de metal.

Luna miró hacia arriba. Muchos escalones. No daban miedo, pero sí respeto.

“Se ve alto,” dijo Nico.

Luna respiró hondo. Recordó la regla: mano en la barandilla.

“Vamos poco a poco. Si te cansas, paramos.”

Subieron contando.

“Uno, dos, tres…”

En el escalón nueve, Nico dijo:

“Me rindo. Mi pierna izquierda quiere vacaciones.”

“Entonces hacemos una parada de campamento,” decidió Luna.

Se sentaron en un escalón ancho. Luna sacó la botella y dio un sorbo. Luego se la pasó a Nico.

“¿Sabes?” dijo Luna. “A veces, cuando algo parece grande, ayuda dividirlo en partes pequeñas.”

Nico asintió con la boca llena de agua, como un pez feliz.

En el descansillo había un cuadro torcido. Luna lo miró y le dio una idea.

“¡Mira! Nuestra primera prueba de inteligencia: enderezar el cuadro sin soltar la barandilla.”

“¿Eso es posible?” preguntó Nico.

Luna estiró el brazo libre con cuidado, como si estuviera pescando una nube. Puso dos dedos en el marco, lo giró un poquito y… ¡tac! Quedó recto.

Nico abrió los ojos.

“¡Magia de pasillo!”

“Magia de paciencia,” corrigió Luna, riéndose.

Y siguieron subiendo, paso a paso, con la barandilla como amiga.

Capítulo 3: Obstáculos blanditos y ayuda vecina

En el siguiente piso, el pasillo olía a sopa. Luna pensó que ese era el olor más aventurero de todos: el de una casa donde alguien cuida de alguien.

Entonces apareció un obstáculo real, aunque pequeñito: una caja de reparto estaba en medio del camino. No era peligrosa, pero cortaba el paso como una roca en un río.

Nico la señaló con dramatismo.

“¡Peligro número tres! La Caja Montañosa.”

Luna se acercó. La caja tenía una etiqueta y una flecha que decía “FRÁGIL”.

“No podemos empujarla fuerte. Podríamos romper algo.”

Nico se quedó pensativo.

“¿Y si la levantamos entre los dos?”

Luna probó con una mano. Estaba pesada.

“Con una mano no puedo. Y la otra debe estar en la barandilla… esa es la regla.”

Nico frunció la nariz.

“¿Y si hacemos una nueva regla? ‘Cuando hay algo frágil, pedimos ayuda.'”

A Luna le brillaron los ojos. Eso era inteligencia de verdad.

Llamaron a la puerta más cercana. Abrió la señora Clara, la vecina que siempre llevaba zapatillas con flores.

“Hola, exploradores. ¿Qué hacen tan serios?”

Luna habló con voz firme y amable.

“Tenemos una misión: seguir la barandilla hasta el mirador. Pero hay una caja frágil. No queremos romperla y yo debo mantener una mano en la barandilla.”

La señora Clara miró la caja y luego a ellos.

“Qué buen cuidado. Eso es ser responsable. Ahora verán el superpoder de los adultos: mover cajas sin drama.”

La levantó despacito y la apartó a un lado.

Nico aplaudió bajito.

“¡Señora Clara, usted es la heroína del pasillo!”

La señora Clara se rió.

“Y ustedes son héroes de la buena idea. Sigan. El mirador los espera.”

Luna sintió una alegría tibia en el pecho. No era solo valentía. Era saber pedir ayuda.

Continuaron. En la pared había un espejo, y Luna se vio con su flequillo un poco despeinado.

“Pareces una exploradora de tormentas,” dijo Nico.

“Y tú pareces un científico de calcetines,” respondió Luna, porque Nico llevaba un calcetín con rayas y otro con lunares.

Se rieron tanto que el pasillo pareció más luminoso.

Al final, una puerta con un cartelito decía “Azotea / Mirador”. Luna puso la mano en el pomo, pero antes miró a Nico.

“¿Listo?”

Nico respiró hondo como si fuera a bucear.

“Listo. Y con calcetines valientes.”

Capítulo 4: El mirador y el álbum de fotos

La puerta se abrió y entró aire fresco, como un saludo. El mirador era una terraza amplia con barandilla alta y segura. Desde allí se veían los tejados, el parque con columpios, y una calle donde las personas parecían hormiguitas con prisa.

Luna se acercó despacio, siempre con cuidado. La barandilla estaba tibia por el sol.

“Lo logramos,” susurró, como si el cielo pudiera escucharla.

Nico extendió los brazos.

“¡Bienvenidos al Reino de Arriba!”

No había nada aterrador. Solo el viento jugando con el pelo y unas nubes que parecían algodón.

Luna sacó su cámara.

“Ahora viene la parte final: el álbum de fotos. Mi misión termina con recuerdos.”

Primero, hizo una foto de la barandilla, de cerca, como si fuera una serpiente de plata buena.

“Foto uno: nuestra guía.”

Luego, una foto de los dos pies de Nico con sus calcetines distintos.

“Foto dos: calcetines exploradores,” dijo Luna.

Nico posó como una estatua famosa.

“Que se vea mi mejor lado. Tengo dos.”

Luna soltó una risita y tomó otra foto: el reflejo de ambos en una ventana.

“Foto tres: equipo.”

Después fotografió un geranio rojo en una maceta.

“Foto cuatro: la flor guardiana del mirador.”

Nico señaló el cielo.

“¡Foto de nube con forma de patata!”

Luna miró. Era verdad: una nube redonda parecía una patata gigante con un mordisco.

“Foto cinco: la patata voladora.”

Se sentaron en el suelo, con la espalda contra la pared. Luna sacó la galleta y la partió por la mitad.

“Para celebrar,” dijo.

Nico aceptó su parte.

“Celebrar es una ciencia deliciosa.”

Mientras comían, Luna pensó en todo el camino. La barandilla, los escalones, la caja frágil, la señora Clara. Todo había sido cotidiano. Pero también había sido aventura. Una aventura de las que enseñan sin empujar.

“¿Sabes qué me gustó más?” preguntó Luna.

“¿La patata voladora?” dijo Nico con migas en la mejilla.

“También. Pero me gustó que cuando no podía sola, pedimos ayuda. Y nadie se enfadó. Al revés. Nos animaron.”

Nico asintió.

“Y me gustó que no corrimos. Fuimos como… tortugas con prisa tranquila.”

Luna se rió.

“Eso suena perfecto.”

Al volver a casa, bajaron con calma, mano en la barandilla. En la puerta, la mamá de Luna esperaba.

“¿Cómo fue la expedición?”

Luna levantó la cámara como un trofeo.

“Éxito total. Y tenemos pruebas.”

Esa noche, en la cama, Luna y su mamá miraron las fotos en la pantallita. Luna iba contando la historia.

“Esta es la guía. Estos son los calcetines valientes. Esta es la flor guardiana. Y esta es la nube patata.”

Su mamá se tapó la boca para reír.

“Qué aventura tan bonita.”

Luna bostezó, feliz.

“Fue una aventura de alegría,” murmuró. “De las que empiezan en un pasillo y terminan en el cielo.”

Antes de dormirse, Luna imaginó el álbum terminado, con las fotos pegadas y pequeños dibujos alrededor. En la última página escribió con su rotulador morado:

“Cuando sigo una barandilla, también sigo mi valentía. Y con ayuda, llego más alto.”

Y se durmió con una sonrisa, lista para la próxima exploración segura del día siguiente.

Sin publicidad 3€ por mes

¿Desea una lectura sin interrupciones? Apoye a Oh My Tales, elimine todos los anuncios y disfrute de otras ventajas incluidas desde 3€ al mes.

Ver los planes y tarifas
Compartir

reportar un problema con este cuento

¿Qué pensaste de este cuento?

Dén su opinión asignando una nota a este cuento según lo que usted y/o su hijo piensan al respecto. ¡Gracias de antemano!

¡Gracias! ¡Su calificación ha sido tomada en cuenta!

El cuestionario: ¿has entendido bien el cuento?

Barandilla
Barrera larga de metal o madera al lado de escaleras para agarrarse y no caerse.
Mirador
Lugar alto y abierto desde donde se mira la ciudad, los tejados o el paisaje.
Expedición
Viaje o aventura que se hace para explorar un sitio y descubrir cosas nuevas.
Descansillo
Parte de la escalera donde hay un espacio plano para parar y descansar.
Frágil
Algo que se rompe o daña con facilidad si no se cuida con cuidado.
Perchero
Objeto con ganchos para colgar chaquetas, abrigos o sombreros.
Azotea
Techo plano de un edificio donde a veces se puede subir y ver desde arriba.
Reflejo
Imagen que se ve en una superficie brillante, como un espejo o una ventana.
Guardiana
Algo o alguien que cuida y protege un lugar o una cosa con atención.
Espiral
Forma que gira y se enrosca alrededor, como una concha o una escalera curva.

¡Crea un cuento mágico y único para su hijo!

Cree una aventura personalizada en solo unos minutos donde su hijo se convierte en el héroe. ¡Con nuestra herramienta exclusiva, es fácil, gratuito y divertido!

Crear un cuento

Descargue este cuento:

Descargar este cuento en PDF Descargar el e-book (.epub)

Para leer a continuación en Los pequeños aventureros para 7/8 años

¡Recibe nuevos cuentos cada domingo por la noche!

Reciba 7 cuentos emocionantes y cautivadores, adaptados a la edad y gustos de su hijo, cada domingo a las 17h*. ¡Es gratis y garantizado sin spam!
*Correo enviado a las 17h, hora de Europa Central (CET).
No nos gusta tampoco el spam. Así que solo le enviaremos cuentos. Podrá darse de baja cuando lo desee.