En un bosque lleno de árboles altos y flores de colores brillantes vivían muchos dinosaurios. Entre ellos, había un pequeño y amable tiranosaurio llamado Tito. Tito era conocido por su gran sonrisa y su corazón generoso. Le encantaba ayudar a sus amigos cuando tenían problemas.
Un día, Tito escuchó un ruido muy fuerte. Era el sonido de una pelea entre dos dinosaurios, Dino el triceratops y Rina la estegosaurio. Dino y Rina discutían sobre quién podía jugar primero con la pelota de hojas.
Tito se acercó despacito, sus pasos eran suaves para no asustarlos. "¡Hola, amigos! ¿Qué está pasando?", preguntó Tito con curiosidad.
Dino resopló. "¡Quiero jugar primero! Yo encontré la pelota."
Rina movió su cola. "Pero yo también quiero jugar. No es justo que Dino juegue siempre primero."
Tito pensó un momento. "¿Por qué no jugamos todos juntos? Podemos hacer un juego nuevo donde todos tengan su turno."
Dino y Rina se miraron. La idea de Tito les hizo sonreír. "¡Eso suena divertido!", dijo Rina.
"Sí, ¡hagámoslo!", agregó Dino con entusiasmo.
Así que Tito, Dino y Rina empezaron a jugar un nuevo juego. Cada uno tenía su turno para patear la pelota de hojas, mientras los otros dos animaban y aplaudían. Al principio, Dino pateó la pelota muy fuerte, y todos rieron. Luego fue el turno de Rina, quien la lanzó muy lejos con su cola. Todos se divertían mucho.
Los otros dinosaurios del bosque, al verlos jugar felices, se unieron al juego. Pronto, el bosque se llenó de risas y alegría. Tito se sintió muy contento al ver a todos sus amigos disfrutando juntos.
Al final del día, cuando el sol comenzó a esconderse detrás de las montañas, Tito, Dino, Rina y todos los dinosaurios se sentaron juntos para descansar. El cielo estaba lleno de estrellas brillantes que parpadeaban como pequeñas luciérnagas.
"Gracias, Tito", dijo Dino, "por ayudarnos a encontrar una manera de jugar juntos."
Rina asintió con su cabeza. "Sí, gracias por ser tan buen amigo."
Tito sonrió y dijo, "Siempre es mejor jugar juntos y compartir. Así todos somos felices."
Con el corazón lleno de felicidad, los dinosaurios se despidieron, prometiendo jugar juntos al día siguiente. Tito se fue a dormir bajo un árbol grande, sintiéndose satisfecho por haber ayudado a sus amigos.
Y así, en el bosque de los dinosaurios, la paz volvió a reinar, y todos vivieron felices, disfrutando de la amistad y los juegos compartidos.