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Cuento de Halloween 9/10 años Lectura 10 min. Disponible en audiocuento

La casa de los fantasmas divertidos

Luna, una niña curiosa disfrazada de bruja, se adentra en una antigua casa embrujada y se encuentra con Gaspar, un simpático fantasma, quien le muestra un mundo mágico lleno de risas y sorpresas. Juntos, descubren que la verdadera amistad puede superar los miedos y unir a los vivos y a los muertos en una gran celebración.

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Una niña de 10 años, con largos cabellos negros y ojos llenos de curiosidad, lleva un disfraz de bruja morado brillante. Sonríe con asombro, sosteniendo una linterna en forma de calabaza que ilumina su rostro alegre. A su lado, un pequeño fantasma translúcido llamado Gaspar, con grandes ojos redondos y una sonrisa amigable, flota alegremente, con los brazos en alto como si estuviera bailando. Al fondo, la vieja casa de estilo gótico, con ventanas polvorientas y un techo torcido, está rodeada de árboles con hojas doradas, bajo un cielo nocturno estrellado y una luna brillante. La escena muestra a la niña y al fantasma bailando juntos en el vestíbulo de la casa, donde libros voladores y sombras danzantes crean un ambiente mágico y festivo. reportar un problema con esta imagen

La versión de audio está disponible de forma gratuita para este cuento:

DuraciĂłn del audiocuento: 11:34

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CapĂ­tulo 1: La casa al final del sendero

Nadie en el barrio se atrevía a acercarse a la vieja casa con ventanas polvorientas y tejados torcidos que se alzaba al final del sendero de los sauces. Decían los mayores que estaba embrujada y los niños, aunque lo negaban con la boca pequeña, rara vez se atrevían a lanzar una piedra siquiera en su dirección.

Pero a Luna le encantaban los misterios. Tenía diez años, el pelo tan negro como la medianoche y una imaginación tan grande que a veces creía que podía volar si se lo proponía. Cada vez que pasaba por delante de la casa, sentía un cosquilleo en la barriga, como si algo la invitara a entrar. Aquella tarde de Halloween, con la luna llena asomando tras las nubes y una ligera neblina cubriendo las calles, Luna decidió que ya era hora de descubrir qué había dentro.

Salió de casa disfrazada de bruja, con su sombrero puntiagudo, la capa de su abuela y una linterna en forma de calabaza colgando del brazo. Caminó decidida hasta la verja oxidada. El viento soplaba, haciendo crujir las ramas de los árboles, y el sonido de sus propios pasos la hizo reír de nervios. “Si los fantasmas existen, seguro que esta noche están de fiesta”, pensó.

Empujó la verja, que chirrió como si se quejara tras años de silencio. Al fondo, la puerta de la casa se entreabrió despacito, como si la invitaran a entrar. Luna tragó saliva, apretó la linterna y avanzó, dispuesta a no dejarse asustar.

Capítulo 2: El pequeño fantasma

El vestíbulo estaba oscuro y olía a polvo antiguo y a madera húmeda. Luna caminó despacio, iluminando las paredes, donde colgaban cuadros de personas con expresiones severas y bigotes retorcidos. De repente, una ráfaga de aire helado apagó su linterna. Luna se quedó quieta, con el corazón latiendo fuerte.

—¿Quién anda ahí? —susurró, tratando de sonar valiente.

No hubo respuesta, salvo el crujido del suelo bajo sus pies. Siguió adelante, guiándose por la tenue luz de la luna que se colaba por los cristales rotos. De repente, algo flotó junto a ella, tan silencioso como una pluma, y se posó a su lado. Luna dio un brinco, pero, en vez de salir corriendo, se quedó mirando.

Era un pequeño fantasma, translúcido y curioso, como una sábana flotante con ojos enormes y brillantes. No daba miedo, más bien parecía tímido y algo torpe.

—¡Hola! —dijo el fantasma con voz temblorosa—. ¿Eres… eres una bruja de verdad?

Luna soltĂł una carcajada.

—Sólo por esta noche. ¿Y tú… eres un fantasma de verdad?

El fantasmita asintiĂł con entusiasmo, haciendo que su cuerpo flotara en cĂ­rculos.

—Me llamo Gaspar. Nunca había visto un humano tan de cerca.

—Yo me llamo Luna —respondió, saludando con la mano—. Y, la verdad, nunca había visto un fantasma tan… simpático.

Gaspar sonriĂł y, de pronto, se animĂł.

—¿Quieres que te enseñe mi casa? Aquí las noches de Halloween son las más divertidas.

A Luna le encantó la idea. Juntos, comenzaron a recorrer la casa. Gaspar le mostró la biblioteca, donde los libros volaban solos y te susurraban historias al oído; la cocina, donde las ollas bailaban claqué; y el salón, donde las sombras jugaban a las escondidas.

De vez en cuando, algún cuadro guiñaba un ojo o una puerta se abría sola, pero Luna estaba tan fascinada que se le olvidó tener miedo.

CapĂ­tulo 3: La sala de los sustos

En lo alto de la escalera, Gaspar se detuvo delante de una puerta pintada de rojo.

—Esta es mi parte favorita —susurró—. Aquí los fantasmas practicamos nuestros sustos para la gran noche.

Luna sintiĂł un escalofrĂ­o. Gaspar empujĂł la puerta y entraron en una habitaciĂłn llena de espejos, cortinas que se movĂ­an solas y esqueletos de cartĂłn que bailaban al ritmo de una mĂşsica chillona.

Un grupo de fantasmitas practicaba sus mejores “buuuuh”, pero en vez de asustar, hacían reír a Luna con sus caretos y sus sustos mal sincronizados. Uno de ellos, al intentar atravesar una pared, se quedó atascado y los demás tuvieron que ayudarlo a salir tirando de sus manitas transparentes.

—¡Vaya! —dijo Luna, aplaudiendo—. ¡Sois los fantasmas más divertidos del mundo!

Gaspar se sonrojĂł (si es que los fantasmas pueden sonrojarse) y la invitĂł a probar.

—¿Quieres intentarlo tú? Es fácil, sólo tienes que gritar lo más fuerte que puedas.

Luna lo pensĂł un segundo, se aclarĂł la garganta y, con todas sus fuerzas, gritĂł:

—¡BUUUUUUUUHHHH!

Los fantasmitas aplaudieron y uno de ellos hasta se cayĂł de la risa, atravesando una silla.

Mientras reĂ­an, un silbido agudo se escuchĂł desde el fondo de la sala. Todos se quedaron quietos. De las sombras, apareciĂł una figura alta y encapuchada. Luna sintiĂł un cosquilleo de miedo en la nuca.

—¡Oh, no! —susurró Gaspar—. Es la señora Morticia, la fantasma más antigua y seria de la casa.

Capítulo 4: El misterio de la señora Morticia

La señora Morticia flotó hacia ellos, envuelta en una nube de humo violeta. Sus ojos parecían dos carbones encendidos.

—¿Qué ocurre aquí? —tronó su voz—. ¿Humanos en nuestra casa? ¿Y en Halloween?

Gaspar temblaba tanto que parecĂ­a una gelatina.

—Es mi amiga, señora Morticia. Se llama Luna y… y no vino a hacernos daño. Solo quería conocer la casa.

Morticia observó a Luna de arriba abajo. Luna tragó saliva, pero no apartó la mirada. Después de un largo silencio, la fantasma sonrió (lo que, para sorpresa de todos, hizo que hasta los cuadros respiraran aliviados).

—Hace muchos años que ningún humano nos visita. Quizás… esta noche podamos divertirnos juntos.

Y, de pronto, la atmĂłsfera cambiĂł. Morticia chasqueĂł los dedos y las luces se encendieron solas. EmpezĂł una mĂşsica de Ăłrgano y todos los fantasmas comenzaron a bailar, flotando en el aire como si fueran globos.

Luna se uniĂł al baile. Giraba, reĂ­a y saltaba, y hasta se atreviĂł a invitar a Morticia a dar vueltas por la sala.

—¿Por qué siempre intentáis asustar a los humanos? —preguntó Luna, curiosa.

La señora Morticia suspiró.

—No siempre fue así. Antes, los humanos y los fantasmas jugaban juntos en Halloween. Pero con el tiempo, empezaron a tenernos miedo… y nosotros también nos asustamos de ellos.

Luna pensĂł en lo triste que debĂ­a ser vivir asĂ­, escondidos y solos.

—Quizá podríamos cambiar eso —propuso, mirando a Gaspar y a los demás—. Si todos vieran lo divertidos que sois, seguro que querrían venir a jugar.

Los fantasmas se miraron entre sĂ­, esperanzados.

CapĂ­tulo 5: La gran fiesta de Halloween

Aquella noche, Luna y Gaspar tuvieron una idea genial. Abrieron las ventanas y lanzaron luces y globos al aire. Pronto, los niños del barrio, curiosos por el espectáculo, se acercaron a la verja. Al principio, dudaron, pero la risa de Luna y el brillo de las luces los animó a entrar.

Dentro, la vieja casa se transformó en una auténtica fiesta de Halloween. Los fantasmas enseñaron a los niños a bailar en el aire, a hacer carreras de sábanas y a contar historias de miedo que, en el fondo, daban más risa que susto.

Gaspar se convirtió en el alma de la fiesta, guiando a los invitados por los pasadizos secretos y mostrando trucos de magia fantasmagórica. Hasta la señora Morticia se animó a hacer malabares con calaveras de goma, provocando carcajadas entre los más pequeños.

—¿Ves? —le susurró Luna a Gaspar—. No hay nada que temer cuando hay amistad y ganas de divertirse.

—Gracias, Luna —respondió Gaspar, flotando feliz—. ¡Eres la mejor bruja que ha pisado esta casa!

La noche avanzó entre juegos, cuentos y dulces flotantes. Cuando el reloj marcó la medianoche, los fantasmas y los niños se despidieron con promesas de volver a verse el próximo Halloween.

CapĂ­tulo 6: Un nuevo comienzo

Cuando salió el sol, la casa ya no parecía tan oscura ni tan aterradora. Luna abrazó a Gaspar y le prometió volver pronto. Al cruzar la verja, se giró para despedirse y vio a la señora Morticia saludando desde la ventana, con una sonrisa amable.

De camino a casa, Luna pensó en lo valiente que había sido al entrar aquella noche y en lo mucho que había ganado: un amigo nuevo, una aventura inolvidable y el secreto de que, a veces, lo que más miedo da es lo que más merece la pena descubrir.

Desde aquel día, la vieja casa al final del sendero dejó de ser un lugar prohibido. Cada Halloween, los niños del barrio acudían a celebrar la noche más mágica del año junto a sus amigos fantasmas.

Y Luna, por supuesto, siempre iba vestida de bruja, con su linterna de calabaza y una sonrisa de oreja a oreja, lista para una nueva aventura.

Porque, al final, lo importante no es no tener miedo, sino atreverse a buscar la magia que se esconde tras cada sombra. Y, sobre todo, saber que la amistad puede iluminar hasta la noche más oscura de Halloween.

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Embrujada
Se refiere a una casa o lugar que se cree que está habitado por fantasmas o espíritus.
Tras
Indica que algo está detrás de algo más.
Polvorientas
Cubiertas de polvo, que es una mezcla de pequeñas partículas de tierra y suciedad.
TranslĂşcido
Que permite que pase algo de luz a través de él, pero no lo suficiente como para ver claramente.
Temblaba
AcciĂłn de mover el cuerpo de forma involuntaria, generalmente por frĂ­o o miedo.
Sábana
Una pieza grande de tela que se usa para cubrir la cama o que se puede usar como disfraz.

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