En una burbuja transparente colgada en el cielo, vivía una pequeña niña llamada Luna. Luna tenía seis años y cada noche, antes de dormir, contaba sus respiraciones como pequeñas estrellas que aparecían en el cielo. Luna amaba las noches estrelladas y el suave balanceo de su burbuja. Sentía que flotaba entre sueños y que las estrellas le susurraban secretos.
El comienzo de una noche mágica
Una noche, mientras Luna se preparaba para dormir, decidió probar algo nuevo. Se sentó con las piernas cruzadas, como un indio, y cerró los ojos. Inhaló profundamente, sintiendo como su barriguita se llenaba de aire, y luego exhaló despacito, dejando salir el aire como si fuera un globo. "Una estrella", pensó Luna. "Dos estrellas", contó mientras repetía la respiración. Pronto, su burbuja se llenó de estrellas imaginarias que brillaban suavemente.
Mientras seguía respirando, Luna notó una suave luz que emanaba de un rincón de su burbuja. Curiosa, decidió acercarse. Allí encontró un árbol antiguo, con ramas que se extendían como los brazos de un abuelo sabio. El árbol tenía un rostro amable y sus hojas susurraban historias al viento.
El árbol de las historias
"Hola, pequeña Luna", dijo el árbol con una voz cálida y acogedora. "Soy el Árbol de las Historias y cada noche cuento cuentos para ayudar a los niños a dormir con una sonrisa". Luna sonrió, emocionada. "¿Quieres escuchar una historia?", preguntó el árbol. Luna asintió con entusiasmo, mientras se acurrucaba al pie del árbol, sintiendo una suave calidez que la envolvía como una manta acogedora.
El árbol comenzó a hablar, narrando la historia de un pequeño pez que nadaba en el océano buscando su hogar. Luna escuchaba atentamente, imaginando el océano lleno de colores brillantes y peces amistosos. El pez contaba sus propias burbujas, tal como Luna contaba sus respiraciones, y cada burbuja lo acercaba más a su hogar.
"Haz la postura del pez", sugirió el árbol. Luna se recostó sobre su espalda, alzó su pecho hacia el cielo y dejó caer su cabeza hacia atrás, como si estuviera flotando en el agua. Se sintió ligera y feliz, como el pequeño pez de la historia.
Un velo de suavidad
Mientras la historia continuaba, un suave velo de suavidad comenzó a envolver la burbuja. Luna sintió cómo la calidez la abrazaba, llenando su corazón de tranquilidad. El árbol le explicó que el pez había encontrado su hogar al seguir su corazón y escuchar la suave música del océano.
Luna se imaginó a sí misma como el pez, flotando en un mar de estrellas, mientras contaba sus respiraciones. "Tres estrellas, cuatro estrellas", susurró. Cada respiración era una estrella que brillaba más en su cielo interior.
El susurro de la luna
Finalmente, el árbol terminó su historia con una sonrisa. "Recuerda, pequeña Luna, que siempre puedes encontrar tu hogar en tus sueños", dijo el árbol con cariño. Luna se sintió segura y feliz, acurrucada en su burbuja.
Mientras cerraba los ojos, vio la luna en el cielo, grande y resplandeciente. La luna sopló un suave susurro que llegó hasta ella, lleno de paz y amor. "Duerme bien, querida Luna", dijo la luna, y Luna, con una sonrisa en su rostro, se dejó llevar por el sueño, rodeada de estrellas y cuentos.
La noche envolvió a Luna en un abrazo tranquilo, y su burbuja flotó suavemente en el cielo, llena de sueños y estrellas. Así, cada noche, Luna sabía que siempre tendría un árbol para contarle historias y una luna para susurrarle palabras de apaciguamiento.