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Cuento sobre la escuela 7/8 años Lectura 7 min.

Hugo y la torre de los lunes

Hugo, inseguro en el fútbol, descubre que tiene valor al aportar ideas y ayudar a sus compañeros en un proyecto escolar, y poco a poco gana confianza gracias al apoyo y los agradecimientos del grupo.

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Un niño de 8 años, Hugo, rostro redondo, cabello castaño claro despeinado y ojos avellana, tímido pero orgulloso, sostiene con delicadeza una torre de palillos y plastilina contra el pecho; detrás, Lucía, también de unos 8 años con coleta negra y sonrisa alentadora, le tiende la mano; a la izquierda, Javier, 8 años, piel clara y pelo castaño corto, observa la torre con admiración y manos en la cintura; a la derecha, Sara, 8 años, pelo pelirrojo trenzado y tímida, aplaude suavemente; la maestra Elena, de 30-40 años, cabello castaño recogido y bata clara, espera junto a una mesa de madera para recibir la torre. El rincón de proyectos es colorido: alfombra con motivos geométricos, mesas bajas, cajas de arte con palillos y plastilina, carteles del alfabeto en las paredes y luz cálida de una gran ventana; la escena muestra a Hugo trasladando con cuidado la torre hacia la mesa, con toques de acuarela y pequeñas salpicaduras que dan vida y suavidad. reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1: El partido de los lunes

Era lunes por la mañana y el sol brillaba por la ventana de la clase de segundo. Hugo, con su mochila azul y su pelo alborotado, miraba de reojo el reloj de la pared. Faltaban pocos minutos para el recreo y, como todos los lunes, los niños iban a jugar un partido de fútbol en el patio. A Hugo le gustaba correr, pero no se sentía tan seguro con la pelota en los pies.

“¿Hugo, vas a jugar hoy con nosotros?”, preguntó Javier, su amigo, con una sonrisa.

“Bueno... sí, supongo”, respondió Hugo, rascándose la cabeza.

“¡Vamos, que seguro hoy marcas un gol!”, animó Lucía, que era la portera del equipo.

Hugo sonrió, pero dentro de él sentía mariposas en la barriga. Salieron al patio y formaron los equipos. Cuando empezó el partido, Hugo intentó no quedarse muy atrás, pero cada vez que la pelota se acercaba, sentía que todos los ojos estaban puestos en él.

“¡Pásala, Hugo!”, gritó Álvaro desde el otro lado.

Hugo lo intentó, pero la pelota se le escapó entre las piernas. Algunos se rieron, pero Lucía le guiñó un ojo y le dijo bajito: “No pasa nada, Hugo. A veces la pelota tiene vida propia”.

El partido terminó y, aunque Hugo no marcó ningún gol, tampoco se cayó. En el fondo, se sintió un poquito orgulloso. Volvieron a clase, listos para la siguiente aventura del día.

Capítulo 2: Un reto en grupo

Después del recreo, la maestra Elena anunció: “Hoy vamos a trabajar en grupos en el rincón de proyectos. Cada grupo tendrá que construir una torre con palillos y plastilina”.

A Hugo siempre le había gustado más leer o dibujar, pero la idea de construir una torre le parecía divertida. Se sentó junto a Lucía, Javier y Sara en una mesa pequeña, cubierta con una alfombra de colores.

“¿Alguien sabe por dónde empezar?”, preguntó Sara, mirando los materiales.

“Podemos hacer una base cuadrada”, sugirió Javier, mientras Lucía ya estaba juntando palillos con plastilina.

Hugo observó durante un rato, pensativo. Luego, con voz suave, dijo: “Creo que si ponemos dos palillos cruzados en la base, será más fuerte”.

Todos miraron a Hugo sorprendidos.

“¡Buena idea, Hugo!”, exclamó Lucía.

Pusieron manos a la obra. Hugo se encargó de colocar los palillos y, cuando la torre se tambaleaba, fue él quien pensó en añadir más plastilina en las esquinas.

Mientras trabajaban, Hugo se sintió útil. Cada vez que alguien le decía “gracias”, notaba un calorcito en el pecho. No era como marcar un gol, pero era igual de especial.

Capítulo 3: El rincón de los agradecimientos

La torre quedó alta y casi no se movía cuando la soplaban suavemente. Javier, sonriente, dijo: “Gracias, Hugo, sin tus ideas no habríamos conseguido que la torre se quedara de pie”.

Hugo se puso colorado, pero no pudo evitar sonreír. Lucía también añadió: “Gracias por ayudarme cuando se me caía la parte de arriba”. Incluso Sara, que siempre hablaba poco, le dio un “gracias” chiquitito que a Hugo le hizo mucha ilusión.

Por primera vez, Hugo sintió que era importante para el grupo. No hacía falta ser el mejor en fútbol ni gritar más fuerte. Bastaba con escuchar, pensar y ayudar.

“Hugo, ¿te gustaría ser tú quien lleve la torre a la mesa de la maestra?”, preguntó Lucía.

“¿Yo? Claro”, respondió Hugo, sujetando la torre con cuidado.

Al acercarse a la mesa de la maestra Elena, Hugo sintió que, aunque era sólo una torre de palillos y plastilina, había construido algo más grande: confianza en sí mismo.

Capítulo 4: Una conversación tranquila

Al terminar la actividad, la maestra Elena llamó a Hugo a su mesa.

“Hugo, he visto lo bien que has trabajado con tu grupo”, dijo, mirándole a los ojos. “¿Sabes qué es lo que más me ha gustado? Que has ayudado a los demás y has tenido buenas ideas”.

Hugo bajó la mirada, un poco tímido, pero la sonrisa le salía sola.

“¿A veces piensas que no eres bueno en los deportes?”, preguntó la maestra en voz baja.

“Sí”, contestó Hugo, “pero hoy me he sentido útil ayudando a mis amigos”.

La maestra le puso una mano en el hombro.

“Todos somos diferentes, Hugo. Hay muchas formas de ser valientes y de ayudar. Lo importante es que te sientas orgulloso de lo que aportas. No todos tienen que marcar goles para ser importantes”.

Hugo asintió, sintiendo un poco menos de peso en la barriga.

“Gracias, seño”, murmuró.

“Gracias a ti por ser tan buen compañero”, respondió la maestra con una sonrisa cálida.

Capítulo 5: Un lunes diferente

Al salir de clase, Hugo caminaba junto a Lucía y Javier. El sol seguía brillando y el patio tenía ese olor a tierra y hojas secas de otoño.

“¿Jugamos mañana otra vez?”, preguntó Javier.

“Sí, pero ¿podemos hacer también una torre nueva en el rincón de proyectos?”, propuso Hugo, riendo.

“¡Claro!”, dijeron sus amigos.

Mientras se despedían, Hugo sentía que el lunes había sido especial. No por el fútbol, ni por la torre más alta, sino porque había descubierto la alegría de ayudar, de recibir un “gracias” sincero y de confiar un poquito más en sí mismo.

Y así, con el corazón más ligero y una sonrisa en los labios, Hugo se fue a casa, sabiendo que el próximo lunes estaría lleno de nuevas aventuras, juegos y, quizás, más “gracias” por compartir.

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Recreo
Tiempo de descanso en la escuela para jugar y hablar con los amigos.
Portera
La niña que cuida la portería para que no entren goles.
Mariposas en la barriga
Sentir nervios o emoción en el estómago antes de algo importante.
Palillos
Palitos finos que se usan aquí para construir la torre.
Plastilina
Material suave y moldeable que sirve para pegar y dar forma.
Base cuadrada
La parte de abajo en forma de cuadro que sostiene algo.
Tambaleaba
Se movía de un lado a otro porque no estaba firme.
Confianza en sí mismo
Creer en tus ideas y sentir que puedes hacer cosas bien.

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