Había una vez tres amigas: Lila, Nia y Sofí. Tenían tres años y siempre jugaban juntas. Una noche clara, miraron las estrellas desde la ventana. Las estrellas brillaban como puntitos de luz.
"¿Y si buscamos un tesoro?" dijo Lila, con ojos grandes.
"Sí, un tesoro de estrellas," dijo Nia, sonriendo.
Sofí aplaudió. "Vamos juntas."
Salieron al jardín. El aire olía a flores y a tierra mojada. Sus pies tocaban el césped suave. La luna les daba luz amable. Cada paso crujía suave.
En el césped encontraron una hoja con un dibujo: una estrella y una flecha. Era la primera pista. Lila la lanzó al aire. "¡Es una pista!" dijo Nia.
Siguieron la flecha hasta el árbol grande. Allí un bulto pequeñito sonaba como campanitas. Sofí lo abrió con cuidado. Dentro había una bolsita azul con migas de pegatina en forma de luna. Las niñas rieron cuando las pegatinas brillaron bajo la luz.
"Cada estrella guía," dijo Lila. "Sigamos la próxima."
La segunda pista olía a pan recién hecho. Un sendero de pétalos los llevó hasta la cocina de juguete, donde una taza de té sonaba. Oleadas de olor dulce las envolvieron. Nia dijo: "Me siento valiente." Sofí añadió: "Yo también."
Trabajaron en equipo. Lila miraba el mapa que habían dibujado con tiza. Nia se subía a un cajón para alcanzar una nota que colgaba. Sofí contaba las estrellas que veían en el cielo. Cuando una se escondía, las otras la buscaban con la mirada. Se tomaban de las manos para no perderse.
La tercera pista estaba en el estanque pequeño. El agua hacía un sonido suave, como una canción. Una luz pequeñita flotaba en la superficie. Lila sopló y la luz se movió. Nia cantó una rima. Sofí aplaudió. La luz los llevó a una piedra lisa.
Bajo la piedra encontraron una cajita. Era pequeñita y tibia al tocarla. Dentro había semillas de colores y una nota: "Comparte el tesoro." Las niñas se miraron y sonrieron.
"¿Qué hacemos?" preguntó Sofí.
"Plantarlas juntas," dijo Nia. "Y cuidarlas siempre."
Araron la tierra con sus manos blandas. Sembraron las semillas. El aroma a tierra y a hojas llenó el aire. Pusieron la cajita junto al árbol grande. Cada una sopló una estrella de pegatina sobre la tierra. Dijeron: "Creceremos juntas."
Esa noche, las estrellas parecían aplaudir desde el cielo. Las niñas sintieron calor en el pecho. Habían encontrado un tesoro que no era oro, sino amistad y semillas para cuidar.
Se abrazaron fuerte. "Buenas noches," susurró Lila.
"Buenas noches," dijo Nia.
"Buenas noches," dijo Sofí.
Se fueron a la cama felices. Afuera, el jardín guardó las semillas y las estrellas cuidaron el sueño de las tres amigas.