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Cuento de carnaval 7/8 años Lectura 11 min.

El tambor del mercado y las niñas valientes

Cuatro amigas afinan un tambor ancestral en el bullicioso mercado y, mediante música y juegos, descubren coraje, amistad y la alegría de unir a la gente.

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Hay cuatro niñas de 8 años: Zoe, pelo corto castaño, disfrazada de gato con orejas y bigotes brillantes, sentada a la derecha del gran tambor rojo con estrellas golpeando suavemente; Lúa, con vestido naranja tipo mariposa y alas, de pie a la izquierda aplaudiendo y sonriendo; Mina, princesa-pirata con parche brillante y capa azul, detrás a la izquierda sosteniendo una pandereta y tirada por un pequeño globo; Carla, payasa con mechones de lana de colores y vestido de lunares, detrás a la derecha soplando una flauta y mirando con picardía; en un mercado de carnaval cubierto con puestos de madera, guirnaldas, farolillos, confeti y cintas, el gran tambor suena claro mientras comerciantes y niños bailan y ríen con luz cálida de tarde. reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1: Mercado de colores

El mercado cubierto brillaba como una caja de caramelos. Banderines colgaban del techo, linternas de papel bailaban con la brisa y las frutas olían a sol. Entre los puestos, cuatro amigas corrían con pasos de saltamontes: Lúa, Mina, Carla y Zoe. Tenían ocho años y cada una llevaba un disfraz diferente: Lúa era una mariposa naranja, Mina una princesa pirata con faja brillante, Carla un payaso con mechones de lana y Zoe un gato con bigotes de lentejuelas.

"¡Mira ese sombrero con plumas!" dijo Lúa, señalando.

"¡Yo quiero probarme una capa!" rió Mina.

"Primero, música", dijo Carla, tocando una pequeña flauta de madera.

Zoe tamborileó con las palmas en su falda y tuvo una idea que saltó como confeti: "Voy a acordar un tambor".

Las otras la miraron con ojos grandes. "¿Acordar un tambor?" preguntó Mina.

"Sí. Que suene perfecto, como en las comparsas", explicó Zoe. "Pero no sé cómo."

"Nosotras te ayudamos", dijo Lúa con voz firme pero dulce. "Somos cuatro. Somos valientes."

El mercado las envolvía en tonos de fiesta. Un señor mayor vendía máscaras que sonreían; una mujer tocaba una guitarra con dedos rápidos; niños con serpentinas corrían como ríos. Las cuatro amigas se abrieron paso entre mesas de telas y tarros de dulces, rumbo a la tienda de percusión, donde estaban los tambores de madera con cintas atadas alrededor.

Capítulo 2: El tambor desafinado

Dentro de la tienda, un tambor reposaba sobre un cojín. Era grande, con pintura roja y estrellas doradas, pero un hilo sonoro lo hacía triste. Cuando Zoe le dio una palmada suave, el sonido salió curvo, como si el tambor estuviera bostezando.

"Oh..." dijo Zoe, con el ceño fruncido. "No suena bien."

"Tal vez necesita cariño," sugirió Carla, acariciando la piel del tambor como si fuera un gato.

El dueño de la tienda, un hombre con bigote en forma de ola, apareció detrás de una cortina. "Eso es un tambor ancestral," dijo. "Se llama Tambor de Mercado. A veces perdió su afinación cuando los días son muy ruidosos o los cordones se enredan con las músicas."

"¿Se puede acordar?" preguntó Mina, con valentía en la voz.

"Se puede," asintió el dueño. "Pero hace falta cuidado y coraje. Hay que ajustar las cuerdas, apretar y escuchar. Y hay un paso secreto: pedirle al tambor que confíe en ti."

Zoe tragó saliva. "Yo quiero intentarlo."

"Entonces hagámoslo juntas", dijo Lúa, agarrando la mano de Zoe. Las cuatro formaron un círculo alrededor del tambor.

"Escucha," murmuró Carla. "Donde está la cuerda más floja, hay que apretar poco a poco."

Zoe pasó la mano por la cuerda. Hacía cosquillas y parecía asustarse. "No pelees con él", dijo Zoe suavemente. "Soy tu amiga." Y con una llave pequeña que el dueño les prestó, empezó a girar.

El tambor gimió y luego respiró. Cada giro cambiaba el sonido: un ruido como campanas, otro como lluvia lejana. Las niñas se miraban emocionadas. Mina batía las palmas y cantaba: "Uno, dos, tres, con cuidado, sí". Con cada estrofa, Zoe apretaba un poco más. El tambor respondió con un tono más claro. Pero de repente, un chasquido seco hizo que la cuerda se zafara un poco.

"¡Oh no!" exclamó Zoe, y su valentía tembló. "Creo que lo rompí."

"Tranquila", dijo el dueño con voz cálida. "A veces hay miedo antes de hacer algo nuevo. Respira y vuelve a intentarlo. Tú puedes."

Lúa le apretó la mano y le susurró: "Recuerda: somos valientes juntas."

Zoe inhaló profundo, como si oliera la naranja del disfraz de Lúa, y volvió a girar la llave. Esta vez con calma. El tambor aceptó y el chasquido quedó atrás. La cuerda quedó firme, y el sonido comenzó a bailar como una ola.

Capítulo 3: Música en el mercado

El tambor, ya afinado, cantó con una voz clara. "¡Tumba!" hizo, y el suelo pareció sonreír. El dueño aplaudió y un grupo de comerciantes se acercó atraído por el ritmo. "¡Eso suena!" dijo la panadera, dejando caer harina entre sus dedos como si fueran confeti.

"¡Toca, Zoe!" animó Carla. Zoe tembló un poquito, pero se sentó, puso las manos sobre la piel y golpeó con ritmo seguro. Mina sacó una pandereta que encontró en un puesto; Lúa dio palmas como un tambor más; Carla sopló una melodía con su flauta. En un instante, el mercado entero se convirtió en una orquesta pequeña y brillante.

"¡Baila!" gritó una voz desde las cajas de frutas. Un grupo de niños con máscaras corrió a unirse, y hasta el señor del sombrero con plumas empezó a zapatear. Las risas rodaban como canicas y las luces del mercado parecían parpadear al compás.

En medio de la alegría, una cuerda de globos se soltó y empezó a rodar, tropezando con un puesto de sombreros. Un globo se enredó en la capa de Mina y tiró de ella hacia atrás. Mina estuvo a punto de caer, pero Zoe la sujetó por la muñeca.

"¡Eso fue rápido!" dijo Mina, recuperando el equilibrio. "Casi me lleva un globo a la luna."

"Gracias," respiró Zoe, contenta. "Me siento más valiente cuando estamos juntas."

"Eso es el carnaval," dijo Lúa. "Todos nos cuidamos y bailamos."

El dueño del tambor les dio un pequeño pergamino. "Este pergamino tiene la canción del mercado," explicó. "La afinasteis con corazón. Ahora compartidla. El tambor no solo suena: cuenta historias." Las niñas se miraron y, con una sonrisa cómplice, decidieron que crearían un juego para todos los niños.

Capítulo 4: Juego de colores y coraje

Formaron círculos en el suelo y pidieron a los niños del mercado que se unieran. "Haremos el Juego del Ritmo y el Color", anunció Carla. "Cada vez que suene un compás, alguien elegirá un color con su disfraz y le tocará un instrumento."

"Y si alguien se equivoca, no pasa nada", dijo Lúa con voz firme. "Nos reímos y seguimos."

"Porque ser valiente también es volver a intentar", añadió Mina.

Zoe empezó a tocar y las instrucciones salieron como caramelos: "Cuando yo toque fuerte, salta. Cuando toque suave, camina como un elefante pequeño. Cuando toque dos veces, inventa una sonrisa nueva." Los niños y hasta algunos adultos se rieron y jugaron. Un anciano con delantal hizo una sonrisa que parecía un sol; una niña pequeña inventó una sonrisa en forma de luna.

En un momento del juego, una niña más tímida, con una camiseta azul pálido, se quedó quieta en el círculo. Quería tocar la pandereta, pero tenía miedo de equivocarse. Zoe se quitó una de sus lentejuelas del disfraz de gato y se la puso en la mano a la niña.

"Para que tengas brillo," susurró. "Tienes coraje."

La niña respiró hondo y golpeó la pandereta. Sonó un tintineo tímido que pronto se volvió fuerte. Las otras niñas aplaudieron y gritaron: "¡Bravo!" La niña sonrió como si hubiera encontrado una fuente escondida.

El juego siguió y se llenó de pasos torpes, risas, pequeños tropiezos y muchas palmas. Cada vez que alguien dudaba, alguna de las cuatro amigas decía: "Inténtalo otra vez." El ritmo del tambor guiaba como una brújula alegre. A veces el compás era lento y suave; otras, rápido como un picaflor. Los colores de los disfraces se movían como pinturas en el aire.

Cerca de la salida del mercado, una señora recogía sus guantes que se le habían caído. Ella miró el juego y sintió la buena energía. Se acercó y tomó las manos de dos niños, uniéndolas en un gesto simple que los hizo reír y saltar. El juego se fue haciendo más grande, como una rueda que crece.

Cuando el sol se filtró por las ventanas altas y las linternas se encendieron, el mercado parecía una constelación de puestos y gente. El tambor marcó un compás final, suave y seguro, como una caricia.

Zoe miró a sus amigas. "Lo hicimos," dijo. "Acordamos el tambor y trajimos a todos a jugar."

"Y tú fuiste valiente," dijo Lúa, sonriendo. "Cuando tuviste miedo, seguiste. Eso es coraje."

El dueño del tambor les dio una última sorpresa: pequeñas cintas de colores para atar en los instrumentos. "Para que cada vez que suenen, recuerden este día", explicó. Las niñas se las pusieron en los instrumentos como medallas.

El mercado estalló en un último baile. "¡Uno, dos, tres!" contó Carla y las voces se unieron en un grito alegre. Todos giraron y rieron, las capas y las flores y las plumas se mezclaron en un arcoíris en movimiento.

Al final del juego, cuando las palmas ya estaban cansadas pero las sonrisas eran grandes, las amigas se tomaron de las manos. "¿Jugamos otra vez mañana?" preguntó Mina.

"Sí," dijo Zoe, abrazando el tambor como a un viejo amigo. "Pero hoy hemos terminado el juego juntas."

La música bajó el volumen como si el mercado fuera a dormir con dulces notas. Las luces titilaron una última vez y las niñas supieron que ese día habían tocado algo más que un tambor: habían afinado su valentía, su amistad y la alegría de todo el mercado. El juego colectivo había terminado, y todos se marcharon cantando, con las cintas al viento y el corazón lleno de ritmo.

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El cuestionario: ¿has entendido bien el cuento?

Mercado cubierto
Lugar con puestos dentro de un edificio donde se venden cosas.
Banderines
Tiras pequeñas de tela que se usan para decorar en fiestas.
Linternas de papel
Lámparas hechas con papel que dan una luz suave y decoran.
Disfraz
Ropa que te pones para parecer otro personaje o animal.
Lentejuelas
Pequeñas piezas brillantes que se cosen en la ropa para decorar.
Percusión
Familia de instrumentos que se tocan golpeando, como tambores.
Tambor ancestral
Tambor muy antiguo que tiene historia y significado especial.
Afinación
Proceso de ajustar un instrumento para que suene bien.
Pergamino
Hoja vieja o especial donde se escribe una canción o mensaje.
Pandereta
Instrumento redondo con sonajas que se agita o golpea.
Compás
Patrón de ritmo que sigue la música para contar los tiempos.
Constelación
Grupo de estrellas que parecen formar una figura en el cielo.
Carnaval
Fiesta con disfraces, música y baile, llena de colores y alegría.
Serpentinas
Tiras de papel que se lanzan en las fiestas y vuelan por el aire.
Zapatear
Patear el suelo con los pies como parte de un baile.

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