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Cuento sobre el día del padre 7/8 años Lectura 9 min.

El secreto de la ensalada arcoíris

Zen prepara en secreto una colorida ensalada y decora la casa con globos y un cartel para sorprender a su papá en el Día del Padre, aprendiendo sobre paciencia y esfuerzo junto a su mamá.

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Niño de 8 años de rostro redondo y pecas, pelo castaño corto algo despeinado, ojos brillantes y amplia sonrisa, con dedos manchados de jugo de tomate, de pie junto a una mesa baja sosteniendo orgulloso un gran cuenco de ensalada colorida; a la izquierda, la madre (unos 35 años) con coleta y delantal de limones, sonriente y con la mano en el hombro del niño; frente a ellos, el padre (unos 37 años) con barba ligera, sentado, sorprendido y emocionado, mirando la ensalada y estrechando la mano del niño; cocina familiar luminosa con luz cálida, azulejos claros, muebles de madera pálida, algunos globos y un cartel hecho a mano junto al cuenco; escena de sorpresa por el Día del Padre: el niño presenta su “ensalada arcoíris”, la mesa muestra colores rojo, naranja, verde y amarillo, ambiente tierno y alegre, texturas visibles (hojas, gotas, brillo de los tomates), estilo impresión en papel de periódico con colores cálidos ligeramente desaturados y trazos de tinta, composición centrada en los rostros y el cuenco. reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1: Un plan secreto y mucha emoción

Era una mañana llena de sol, de esas que parecen estar hechas solo para sonreír. Zen se despertó antes que nadie, con el corazón dando saltitos en el pecho. Hoy no era un día cualquiera. Hoy era el Día del Padre y quería que su papá tuviera la mejor sorpresa del mundo.

Se asomó por la puerta del dormitorio de sus padres y vio a su papá durmiendo, con la boca un poco abierta y el pelo revuelto. Zen tuvo que taparse la boca para no reírse. Caminó de puntillas hacia la cocina, repasando en su cabeza el plan que había imaginado durante días.

—Hoy le haré una ensalada de colores —se dijo a sí mismo en voz bajita—. Y pondré la mesa más bonita de todas.

Buscó papel y lápiz y escribió una lista: tomates rojos, zanahorias naranjas, lechuga verde, maíz amarillo, aceitunas negras. También dibujó una flor, porque su papá siempre decía que las flores alegran la mesa.

—¡Manos a la obra! —susurró, sintiéndose un chef importante.

Abrió la nevera con cuidado y fue sacando los ingredientes. Aunque al principio se le cayó una zanahoria rodando al suelo y casi se le escapa una risa, todo parecía ir bien. Pero Zen no sabía cortar verduras muy bien todavía, así que decidió pedir ayuda.

Fue al comedor y llamó en voz baja:

—¿Mamá? ¿Puedes venir un momentito?

Su mamá apareció, todavía en pijama, y Zen le contó su plan secreto. Ella le guiñó un ojo.

—¿Vamos a hacerlo juntos, peque? —preguntó, y Zen asintió muy serio.

Mientras empezaban a preparar la ensalada, Zen sentía en el aire ese cosquilleo que tienen los secretos bonitos. Nada podía salir mal, pensó.

Capítulo 2: La ensalada arcoíris

En la cocina, Zen y su mamá pusieron una tabla de cortar sobre la mesa. La luz de la ventana caía sobre ellos, haciendo brillar los tomates como si fueran rubíes. Zen se puso un delantal azul con dibujos de dinosaurios y su mamá uno con limones.

—Recuerda, Zen, primero lavamos las verduras —le dijo ella.

Zen metió las manos en el agua fría y frotó con mucho cuidado los tomates y la lechuga. Le gustaba cómo el agua hacía burbujitas y cómo las zanahorias parecían peces naranjas en el fondo del bol.

Después, tocaba cortar. Su mamá le dio un cuchillo pequeño.

—Vamos despacio y con mucho cuidado, ¿sí?

Zen asintió. Al principio, los tomates se le escapaban y los trozos quedaban de diferentes tamaños. Unas veces eran rodajas gordas, otras muy finitas. Se rió solo.

—¡Esta ensalada va a tener tomates de todas las formas posibles!

Su mamá le animó:

—Eso la hace especial. A tu papá le encantará.

Siguieron con la zanahoria. Zen la peló y la cortó en rodajas torcidas. Sus dedos acabaron naranjas, pero no importaba. Siguieron con la lechuga, el maíz y las aceitunas.

Cuando terminaron, la ensalada parecía un cuadro. Roja, naranja, verde, amarilla y negra. Zen la miró orgulloso.

—Nunca hice algo tan bonito —dijo, y su mamá le revolvió el pelo.

—La paciencia tiene premio, ¿ves?

Zen sonrió. Había tardado más de lo que pensaba, pero ahora sentía una alegría enorme.

Capítulo 3: Mensajes escondidos y globos traviesos

Mientras su mamá preparaba el aliño, Zen pensó en añadir algo especial. Corrió a su habitación y buscó sus rotuladores de colores. Escribió en una cartulina: "¡Feliz Día del Padre! Te quiero hasta las estrellas y más allá". Le dibujó corazones, cohetes y una ensalada sonriente.

Volvió a la cocina y puso el cartelito al lado del bol, como si fuera el cartel de un restaurante importante. Luego, infló unos globos pequeños, pero uno explotó y Zen pegó un brinco.

—¡Ay! —se rió—. Este globo sí que estaba dormido.

Su mamá le ayudó a atar los globos y los pusieron en la mesa. Zen recogió las cáscaras y los restos de zanahoria del suelo. Quería que todo estuviera perfecto.

—¿Sabes, mamá? —preguntó—. A veces me da rabia no hacerlo rápido, pero hoy he visto que, si me lo tomo con calma, sale mejor.

Su mamá le abrazó.

—Eso es la paciencia, Zen. Y hoy la has tenido a montones.

Zen se sintió grande. Casi como si hubiera corrido una maratón, pero con tomates y lechuga.

—Ahora falta despertar a papá —dijo, bajito y contento.

Capítulo 4: ¡Sorpresa para papá!

Zen entró en la habitación de sus padres y se subió a la cama de un salto suave. Su papá se despertó entre bostezos, frotándose los ojos.

—¿Qué pasa, campeón? —preguntó, con la voz ronca.

—¡Feliz Día del Padre! —gritó Zen, abrazándolo fuerte.

Su papá le abrazó también, y Zen pudo sentir el latido tranquilo de su corazón.

—¿Y esa cara de emoción? —preguntó su papá, sonriendo.

—¡Ven, tienes que ver algo! —dijo Zen, y lo llevó de la mano hasta la cocina.

Allí, la mesa estaba llena de colores, los globos bailaban despacito y el cartel brillaba. Su papá se quedó con la boca abierta.

—¡Guau! ¿Todo esto es para mí? —preguntó, fingiendo sorpresa.

—¡Sí! ¡Y la ensalada la he hecho yo! Bueno, con un poco de ayuda de mamá —confesó Zen, algo tímido.

Su papá se sentó y miró la ensalada como si fuera un tesoro.

—Tiene una pinta deliciosa. Pero lo que más me gusta es que la has hecho tú, Zen. Eres el mejor chef del mundo.

Zen se sonrojó y, por un momento, se sintió el niño más feliz de la galaxia. Sirvieron la ensalada en platos y comieron juntos. Su papá probó un trozo de tomate enorme y puso cara de sorpresa:

—¡Mmm! Este tomate sabe a abrazo de hijo.

Todos rieron, y Zen se sintió orgulloso. Había tardado, se había manchado los dedos y hasta había explotado un globo, pero todo eso ahora eran recuerdos felices.

Capítulo 5: La mesa ordenada y un corazón contento

Después de comer, Zen ayudó a recoger la mesa. Guardó los globos que no se habían escapado y tiró los papeles de colores que ya no servían. Su mamá lavó los platos y Zen secó los cubiertos, tarareando una canción inventada.

—Papá, ¿te ha gustado la sorpresa? —preguntó, mientras pasaba un trapo por la mesa.

—Me ha encantado, hijo. Lo mejor ha sido ver tu esfuerzo y las ganas de hacerme feliz —dijo su papá, dándole un beso en la frente.

Zen miró la mesa limpia. No quedaba ni rastro del desayuno ni de la ensalada, pero el aire seguía oliendo a alegría.

—¿Sabes qué, papá? Hoy he aprendido que las cosas bonitas necesitan tiempo. Y que tener paciencia hace que todo salga mejor.

Su papá le sonrió.

—Eso es muy cierto, Zen. Y el amor también se cocina despacio, como las mejores ensaladas.

Zen se puso de puntillas y abrazó a sus padres, sintiendo que, aunque la fiesta ya terminaba, el cariño se quedaría todo el año.

Esa noche, antes de dormirse, Zen pensó en el Día del Padre y en la mesa de colores. Cerró los ojos y se prometió guardar siempre ese pequeño secreto: que la paciencia y el amor hacen que cualquier día sea una fiesta.

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Día del Padre
Un día especial para celebrar y decir gracias a los papás.
Plan secreto
Una idea que se guarda sin decirla para sorprender a alguien.
Ensalada de colores
Plato de verduras con muchos colores, sano y bonito.
Aliño
Mezcla que se pone en la ensalada para darle sabor.
Cartulina
Papel grueso y duro que sirve para hacer carteles o dibujos.
Delantal
Prenda que se pone para no manchar la ropa al cocinar.
Rodajas
Trozos cortados en forma redonda y plana.
Paciencia
Calma para esperar y hacer las cosas despacio y bien.
Maratón
Carrera muy larga que necesita esfuerzo y tiempo.
Sonrojó
Cuando la cara se pone roja, normalmente por timidez o alegría.
Tarareando
Cantar una melodía sin decir palabras, solo con sonidos.
Cosquilleo
Sensación pequeña y divertida que se siente en el cuerpo.

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