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Cuento sobre la igualdad de géneros 7/8 años Lectura 10 min. (2)

El rincón de las posibilidades

Mateo descubre, tras visitar la estación y escuchar a distintas personas, que las profesiones y los sueños no tienen género, y comienza a trabajar con sus compañeros para promover la diversidad y el respeto.

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Un niño de 8 años, sonriente y asombrado, con pelo castaño corto, sostiene un casco de bombero infantil y lo mira con admiración; junto a él una bombera adulta, de rostro decidido y cálido, trenzas castañas y uniforme rojo oscuro con bandas reflectantes, le pone una mano tranquilizadora en el hombro; un bombero adulto, de piel tostada y sonrisa amable, está ligeramente atrás junto a un brillante camión de bomberos rojo con escalera y manguera; escenario frente a una estación de bomberos colorida y limpia con suelo en losas, bandera de la ciudad y carteles escolares en la pared; ambiente instruccional y alegre al atardecer, colores cálidos y expresiones acogedoras, centrado en el encuentro que muestra que una mujer también puede ser bombera. reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1: La clase de publicidad

Mateo tenía siete años y una sonrisa que hacía brillar sus ojos. En la escuela, su maestra, la señora Rosa, anunció una sorpresa: "Hoy vamos a hacer un proyecto de publicidad. Cada grupo hará un anuncio para la biblioteca de la escuela". Los niños aplaudieron. Mateo pensó en los libros que le gustaban: cuentos con aventuras, historias de ciencia y libros con personajes que no siempre eran iguales.

Formaron equipos y el de Mateo decidió que su anuncio hablaría sobre la libertad de ser uno mismo. "Queremos que todos se sientan bien en la biblioteca", dijo Mateo. Sus amigos lo miraron con respeto. "Podemos hacer carteles con fotos, dibujos y frases", sugirió Lía, que le encantaba dibujar.

Mientras trabajaban, Mateo observó que muchos anuncios de la calle mostraban profesiones como si solo fueran para chicos o para chicas. Vio un cartel con un bombero fuerte y otro con una enfermera sonriente. Mateo frunció el ceño. "¿Por qué siempre así?", preguntó en voz baja. La maestra se acercó y sonrió con calma. "Esa es una buena pregunta, Mateo. Hablaremos con alguien que puede ayudarnos a entenderlo mejor".

Capítulo 2: La visita a la estación

Al día siguiente, la clase visitó la estación de bomberos del barrio. Mateo estaba emocionado. El bombero que los recibió se llamaba Jorge. Era amable y tenía las manos con pequeñas cicatrices de trabajo. Pero lo que más sorprendió a Mateo fue que, junto a Jorge, estaba Clara, una bombera con trenzas y botas grandes. Clara saludó a los niños con una voz alegre: "¡Hola! Bienvenidos. Hoy les mostraré cómo trabajamos".

Mateo no lo entendía del todo: en los dibujos que a veces veía, los bomberos eran siempre hombres. Ver a Clara allí le hizo pensar. "¿Por qué hay quienes piensan que algunos trabajos son solo de chicos o de chicas?", preguntó Mateo cuando pudieron acercarse a los camiones.

Clara se agachó para quedar a su altura. "Creo que es por costumbre y porque a veces la gente no ha visto suficiente de todo", dijo. "Cuando yo era pequeña, me gustaba trepar árboles y arreglar cosas. A algunas personas les pareció raro que quisiera ser bombera, pero a mí me importaba ayudar a los demás. Con el tiempo, aprendí y empecé a demostrar que podía hacerlo".

Jorge añadió: "Los trabajos tienen que ver con lo que a cada persona le gusta y con lo que aprende a hacer. No con si eres chico o chica". Mateo escuchó atento. Sentía algo cálido en su pecho, como si acabara de descubrir una puerta abierta.

Durante la visita, Clara dejó que los niños se pusieran el casco (ligero y seguro para niños) y contara cómo se preparaban para apagar incendios y rescatar a personas y animales. Mateo preguntó muchas cosas. "¿Te da miedo a veces?", dijo. Clara sonrió: "A veces sí. Pero también siento calma porque confío en mi equipo. El valor no es no tener miedo, es actuar aunque tengas miedo". Mateo pensó que eso era muy valiente.

Capítulo 3: Preguntas en casa y en clase

De vuelta en la escuela, el grupo de Mateo comenzó a trabajar en su anuncio con una nueva idea: mostrar profesiones diversas y personas distintas haciendo lo que aman. "Queremos que los niños y niñas vean que pueden ser lo que quieran", dijo Mateo con determinación.

Esa tarde, en casa, Mateo le contó a su mamá sobre Clara y Jorge. Ella lo escuchó y le dijo: "Es importante hacer preguntas, Mateo. Así aprendemos. Y también está bien si cambias de opinión sobre algo cuando conoces más". Mateo asintió. "¿Puedo incluir a Clara en nuestro anuncio?", preguntó emocionado. "Claro", respondió su mamá. "Y puedes preguntar a otras personas del barrio". Mateo se acostó pensando en todos los trabajos que conocía: mecánico, enfermera, cocinera, panadero, artista, profesoras y también profesiones que no había pensado antes.

Al día siguiente, la clase invitó a varias personas para que hablaran sobre sus trabajos. Vinieron una mecánica, un bailarín, una enfermera que era hombre, una carpintera y un panadero que había aprendido el oficio con su abuela. Cada uno contó su historia. Mateo hizo preguntas con curiosidad y respeto: "¿Cómo aprendiste? ¿Te gustaba cuando eras pequeño? ¿Te costó que te miraran raro?".

Las respuestas fueron simples y honestas. La mecánica dijo: "Al principio algunas personas dudaron, pero mis manos saben arreglar motores. Eso hace que me respeten". El bailarín explicó que bailar no tenía un signo que dijera 'para chicos' o 'para chicas'; era movimiento. La enfermera comentó: "Cuidar es humano, no tiene género". Mateo sintió que se iba formando un mapa en su cabeza donde lo importante era hacer lo que amabas y hacerlo con respeto.

En clase, Lía dibujó un póster con dibujos de personas distintas realizando tareas diferentes. Mateo escribió una frase breve: "Todos podemos. Todos somos capaces". El grupo practicó un pequeño sketch para su anuncio: lo representaron como si fueran clientes entrando a la biblioteca y encontrando libros sobre todas las profesiones, personas y formas de ser.

Capítulo 4: El rincón de lectura y la conclusión

El día de la presentación, la señora Rosa dejó que cada grupo mostrara su anuncio. Cuando fue el turno de Mateo, el grupo presentó su póster y su sketch. Unos niños fingieron ser curiosos que decían: "¿En la biblioteca hay libros sobre bomberas, mecánicas y bailarines?" Otro contestó: "Sí, y sobre gente que se viste como quiere, que tiene familias distintas y que hace cosas que le gustan". La clase aplaudió. Al final, la señora Rosa propuso hacer un rincón de lectura en la biblioteca con libros inclusivos.

Con el apoyo de la directora, la escuela puso en marcha una pequeña campaña. Padres, madres y vecinos donaron libros y cuentos. Mateo se ofreció para ayudar a ordenar. Colocaron una estantería con una etiqueta que decía: "Historias para descubrir quién eres". Allí había libros con historias de bomberas, científicos, panaderas, deportistas, personas con distintas familias y personajes que cambiaban de ropa y de juegos sin que eso fuera un problema.

Una tarde, Mateo y Lía organizaron una lectura en voz alta para los más pequeños. Mateo leyó un cuento sobre una niñita que quería ser carpintera. Algunos niños escucharon en silencio, otros se rieron en los momentos divertidos. Al acabar, una niña pequeña se acercó a Mateo y le dijo: "Yo quiero ser carpintera también". Mateo sintió una alegría tranquila. "Puedes", respondió. "Puedes ser lo que quieras".

La directora les pidió a los niños que escribieran una frase para el rincón de lectura. Mateo escribió: "Sé tú, aprende de los demás y respeta". La frase quedó pegada junto a la estantería. Esa noche, en casa, Mateo contó el día a su mamá. Ella lo abrazó. "Has hecho algo bueno", dijo. "Has ayudado a que otros vean más posibilidades". Mateo sonrió y miró el cielo desde la ventana. Sintió que el mundo parecía un poquito más grande y más amable.

Antes de dormir, pensó en Clara en la estación, en la mecánica del barrio, en el panadero que le había dado una galleta y en la enfermera que cuidó de su abuelo. Pensó en todas las preguntas que había hecho y en las respuestas que le habían dado. Se dio cuenta de que el valor tranquilo de cada persona hacía que la escuela y la ciudad fueran mejores.

La historia del rincón de lectura se fue contando por la ciudad. Otras escuelas crearon sus propios estantes con libros diversos. Mateo no dejó de hacer preguntas. Aprendió que preguntar con respeto abre puertas y que escuchar abre mentes. Aprendió también que cambiar su forma de pensar no era una traición, sino aprender.

Una semana después, la señora Rosa les dijo: "El respeto no se ve, se siente en las pequeñas cosas: cuando dejas que alguien juegue con el camión de barro, cuando lees un libro sobre alguien que no conoces, cuando ayudas a corregir un estereotipo con una sonrisa". Mateo pensó en todo lo que habían hecho y en las sonrisas que habían provocado. Le gustó imaginar un mundo donde cada niño y niña pudiera elegir sin miedo.

Esa noche, mientras apagaban la luz, Mateo se dijo a sí mismo: "Ser valiente es ser amable y justo. Ser valiente es preguntar, escuchar y ayudar". Cerró los ojos con una sensación de paz. Mañana volvería a la escuela. Tal vez pondrían nuevos libros en el rincón. Tal vez vendría alguien nuevo a contar su historia. Mateo estaba listo para seguir aprendiendo y para ayudar a que todos tuvieran la libertad de ser quienes son. Y así, con esa calma valiente, se quedó dormido.

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