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Cuento de extraterrestre 9/10 años Lectura 6 min.

El recreo de los visitantes del espacio

Elena descubre a tres pequeños extraterrestres durante el recreo y juntos aprenden y comparten juegos, risas y asombrosas tecnologías. La experiencia despierta en todos la curiosidad por lo desconocido y el valor de la amistad.

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Una niña de 10 años, pelo castaño en coleta, rostro salpicado de sol, sonriente y maravillada, sostiene una pequeña piedra redonda y señala la rayuela en el centro del patio; un niño de 9 años, pelo rubio corto y camiseta roja, ríe mientras salta en un pie cerca de ella; una niña de 9 años, pelo negro en dos trenzas, aplaude en segundo plano junto al banco de los alumnos. Tres pequeños extraterrestres de cuerpos lisos plateados, cabezas redondas y ojos grandes y luminosos rebotan ligeramente imitando la rayuela; uno sostiene un aparato que proyecta dibujos luminosos en el aire. El patio es una gran superficie de cemento gris con la rayuela dibujada a tiza blanca y números de colores, árboles verdes que proyectan sombras y bancos de madera a la derecha. Una luz principal de halo azul verdoso emana del centro, creando reflejos metálicos en los trajes de los extraterrestres y pequeñas partículas brillantes en el aire. Escena dinámica: niños y extraterrestres juegan juntos con saltos suspendidos y dibujos luminosos flotando como burbujas de colores. Estilo: render 3D suave, colores vivos y texturas nítidas, expresiones faciales claras y benévolas, ambiente alegre y mágico. reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1: Un recreo diferente

Elena tenía nueve años y una curiosidad tan grande como el universo. En la escuela, su lugar favorito era la vieja cancha de cemento donde jugaba a la marelle con sus amigas. Era un día soleado y la sombra de los árboles bailaba en el suelo. Elena saltaba de un número a otro, cuando algo extraño ocurrió: una luz azul verdosa apareció justo en el centro del patio, tan brillante que todos los niños dejaron de jugar.

De la luz surgieron tres figuras pequeñas, con trajes plateados y cabezas redondas como globos. Nadie gritó ni corrió; era como si una brisa suave calmara a todos. Elena, la más atrevida, se acercó primero. Los visitantes tenían ojos grandes, sin pupilas, y bocas diminutas. Se miraron entre ellos y luego a Elena, sonriendo con timidez.

—Hola —saludó Elena, agitando la mano—. ¿De dónde venís?

Las criaturas parpadearon y una de ellas, la más bajita, respondió con una voz que parecía una melodía:

—Venimos de Glimbor, un planeta muy lejano. Buscamos juegos… ¿Sabes jugar?

Capítulo 2: El primer salto

Elena no pudo evitar reír. ¡Extraterrestres que querían jugar! Les explicó la marelle y dibujó con tiza los cuadrados y números en el suelo. Los visitantes la observaban con atención, sus ojos brillando de emoción.

—Primero tienes que lanzar la piedra —dijo Elena, mostrando una piedrita lisa—, y luego saltar de un pie a otro, así.

El extraterrestre más alto intentó lanzar la piedra, pero esta rebotó sobre su traje y salió volando como un cohete. Todos rieron, incluso los maestros desde lejos, que parecían hipnotizados por la paz del momento.

Elena les enseñó a saltar, y pronto los tres visitantes rebotaban como si no pesaran nada, haciendo cabriolas en el aire. Cada salto era un espectáculo; sus pies apenas tocaban el suelo y sus risas sonaban como campanillas. Elena no recordaba haberlo pasado tan bien en un recreo.

Capítulo 3: Descubrimientos curiosos

Mientras jugaban, uno de los extraterrestres sacó de su bolsillo un pequeño aparato brillante. Lo presionó y, de repente, aparecieron dibujos luminosos en el aire, como si la tiza flotara y pintara sola.

—¡Wow! —dijo Elena, fascinada—. ¿Eso es magia?

—Es tecnología glimboriana —explicó el visitante—. Nos ayuda a aprender cosas nuevas rápidamente. ¿Quieres probar?

Elena tomó el aparato y dibujó una flor en el aire. Todos los niños se acercaron, maravillados, y probaron la tecnología. Los extraterrestres, a su vez, aprendieron nuevos juegos: la cuerda, el escondite, y hasta la rayuela en círculos.

Al final del recreo, la cancha era un mosaico de dibujos flotantes y risas. Los visitantes también compartieron algunos de sus juegos: uno en el que había que atrapar burbujas que cambiaban de color y otro en el que se adivinaban formas en el aire.

Capítulo 4: Un problema inesperado

De repente, una nube oscura cubrió el sol. Los visitantes miraron al cielo y sus trajes cambiaron a un tono azulado. El aparato luminoso empezó a parpadear.

—Es nuestra nave —dijo el visitante bajito—. Ha detectado que estamos lejos. Pronto tendremos que irnos.

Elena sintió un nudo en el estómago. No quería que sus nuevos amigos se marcharan tan pronto. Los demás niños tampoco.

—¿Podéis quedaros un poco más? —preguntó Elena.

—No podemos —respondió la visitante más sonriente—. Pero podemos enseñaros una última cosa.

Sacaron unas piedras pequeñas, como canicas, que al tocarlas proyectaban imágenes del espacio: planetas de colores, lunas saltarinas y estrellas en movimiento. Todos miraron asombrados.

—El universo es grande y diverso —dijo el visitante—. Hay juegos y amigos en todas partes. Solo hay que atreverse a conocer lo desconocido.

Capítulo 5: Una despedida luminosa

La luz azul verdosa volvió a brillar en el centro de la cancha. Los extraterrestres dieron un último salto en la marelle y chocaron sus palmas con los niños. Elena les regaló su piedra de la suerte y ellos le dejaron una canica luminosa.

—Nunca olvidéis jugar y descubrir —dijo el visitante bajito.

En un destello suave, desaparecieron. El recreo terminó, pero la alegría no. Elena guardó la canica en su bolsillo, sintiendo que una parte del universo había quedado en la escuela.

Mientras los niños volvían a clase, una sombra grande y reconfortante se extendió sobre la cancha. Era la sombra de un árbol antiguo, que parecía abrazar el patio entero. Bajo su protección, todos se sintieron seguros y listos para cualquier aventura, convencidos de que la amistad y la curiosidad podían cruzar cualquier galaxia.

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Marelle
Juego de saltos dibujado en el suelo, parecido a la rayuela.
Brisa
Viento suave y agradable que se siente en la piel.
Visitantes
Personas o seres que llegan a un lugar que no es suyo.
Plateados
De color parecido al metal brillante, como la plata.
Melodía
Sucesión de sonidos que suenan agradables juntos.
Rebotó
Cuando algo choca y vuelve a salir hacia fuera o arriba.
Hipnotizados
Estar muy quieto y atento, como sin darse cuenta de todo.
Tecnología
Herramientas o aparatos creados con ciencia para ayudar.
Mosaico
Imagen hecha con muchos trozos pequeños de colores juntos.
Parpadear
Cerrar y abrir los ojos muy rápido una o varias veces.
Detectó
Notar o encontrar algo que antes no se veía o sabía.
Proyectaban
Mostrar imágenes o luces que aparecen en una superficie.

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