Capítulo 1: Llegan los colores del otoño
Marta se despertó temprano. El sol entraba suavecito por la ventana de su habitación. Marta se frotó los ojos y sonrió. Olía a hojas secas y a manzanas dulces. —¡Hoy es un día de otoño! —dijo Marta muy contenta.
Marta miró por la ventana. Todo estaba cambiando. Los árboles tenían hojas rojas, amarillas y naranjas. El viento soplaba suave y movía las hojas. Las hojas caían y bailaban en el aire y en el suelo. Marta se puso su suéter favorito, el de rayas verdes. Mamá le dijo: —Hoy vamos a preparar la granja para el invierno, Marta. ¡Vamos a trabajar juntas!
Marta saltó de la cama. Le gustaba mucho ayudar en la granja. Le gustaba sentir el aire fresco y ver a los animales correr. Bajó rápido las escaleras. Papá y mamá ya estaban en la cocina. El desayuno olía a pan caliente y leche tibia.
—Hoy vamos a recoger calabazas y manzanas —dijo mamá.
—Y también vamos a guardar leña para la chimenea —añadió papá.
Marta sonrió y dijo: —¡Yo quiero ayudar! ¡Yo quiero recoger calabazas! ¡Yo quiero guardar leña!
—¡Muy bien, Marta! —dijo mamá—. Pero primero, hay que vestirse bien. El otoño es fresco. Ponte tu bufanda y tus botas.
Marta se puso su bufanda roja y unas botas de goma. Se sentía muy preparada para el día especial de otoño.
Capítulo 2: La gran cosecha de otoño
Marta salió al jardín. El aire olía a tierra y hojas secas. Vio a los patos caminando en fila hacia el estanque. Las gallinas picoteaban el suelo buscando semillas. Todo estaba tranquilo y bonito.
Mamá llevaba una cesta grande. —Vamos al huerto, Marta —dijo mamá.
Marta caminó con mamá entre los árboles y las plantas. El suelo crujía bajo sus botas.
—Mira, mamá, ¡hay muchas calabazas! —dijo Marta.
Las calabazas eran grandes y naranjas. Había calabazas redondas y calabazas alargadas. Marta tocó una calabaza con las dos manos. Era fría y lisa.
—Las calabazas nos darán sopa y pastel en el invierno —dijo mamá.
Marta ayudó a mamá a cortar calabazas y ponerlas en la cesta. La cesta se llenó de colores: naranja, verde y amarillo.
Después, fueron al manzano. Las manzanas colgaban de las ramas. Algunas eran rojas y otras verdes. Marta estiró los brazos y alcanzó una manzana roja.
—¡Mira, mamá! ¡Una manzana brillante! —gritó Marta.
—Muy bien, Marta. Las manzanas están listas para recoger. Vamos a llenar la cesta.
Las dos recogieron muchas manzanas. Marta se comió una manzana y estaba dulce y jugosa. El jugo le resbaló por la barbilla. Marta se rió y mamá también.
—Las manzanas son dulces en otoño porque han tomado mucho sol —dijo mamá.
Marta olió la cesta. Olía a fruta y a campo. —¡El otoño es rico y bonito! —dijo Marta.
Capítulo 3: Preparando la casa para el frío
Cuando terminaron en el huerto, Marta y mamá fueron al cobertizo. Allí estaba papá cortando leña.
—Hola, Marta. ¿Quieres ayudarme a llevar la leña? —preguntó papá.
—¡Sí! —dijo Marta.
Papá le dio a Marta unos troncos pequeños. Marta los abrazó fuerte y caminó despacio a la casa. El suelo estaba lleno de hojas crujientes. Sonaban “crac, crac” bajo sus botas.
Marta puso la leña junto a la chimenea. La chimenea estaba fría ahora, pero pronto tendría fuego y calor.
—La leña nos calentará en invierno —dijo papá.
Marta sonrió. Se sentía fuerte y útil. Le gustaba ayudar a su familia.
Después, mamá y Marta taparon las plantas con hojas secas. Marta puso muchas hojas sobre las flores. Así, no tendrían frío cuando llegara el invierno.
—Las plantas duermen en invierno —explicó mamá—. Así, en primavera, volverán a crecer.
Marta tocó las hojas y eran suaves y rustidas. El viento sopló y volaron algunas hojas.
—¡El viento de otoño es juguetón! —dijo Marta.
—Sí, el viento baila con las hojas —respondió mamá.
Marta se rió y dio vueltas en el jardín. Las hojas volaban a su alrededor como mariposas de colores.
Capítulo 4: Disfrutando juntos el otoño
Cuando terminaron de trabajar, Marta, papá y mamá se sentaron en el porche de la casa. El sol se estaba escondiendo y el cielo era naranja y rosa.
Mamá trajo una manta y Marta se tapó. Papá les dio un vaso de leche tibia y un trozo de pastel de manzana.
—Hoy ha sido un día de otoño muy especial —dijo mamá.
Marta mordió su pastel. Sabía a manzana y canela. —Me gusta el otoño. Me gusta recoger calabazas y manzanas. Me gusta ayudar a preparar la granja.
Papá abrazó a Marta. —El otoño es una época mágica. Todo se prepara para el descanso del invierno.
Mamá sonrió y dijo: —El otoño nos enseña a cuidar las cosas y a prepararnos para el frío. Nos muestra colores bonitos y comidas ricas. Y lo más importante: nos enseña a trabajar juntos y a ayudarnos.
Marta miró las hojas volando en el viento. —Voy a recordar este día. Me gusta ayudar. Me gusta el otoño.
La familia se quedó en silencio, mirando cómo la tarde terminaba. Los pájaros volaban en el cielo y el viento seguía jugando con las hojas. Marta se sintió feliz y tranquila.
El sol se escondió y las estrellas empezaron a brillar. Marta bostezó y mamá la abrazó.
—Vamos a dormir, pequeña —dijo mamá—. Mañana será otro día bonito de otoño.
Marta cerró los ojos y soñó con calabazas, manzanas y hojas de colores. Soñó con viento suave y con la granja lista y segura para el invierno. Soñó con su familia, trabajando juntos y riendo en la magia del otoño.