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Cuento sobre la diversidad 5/6 años Lectura 7 min.

El mural de los colores únicos

En la clase de Luna llega Alba, una niña con un comunicador, y junto a sus compañeros crean un mural mientras aprenden a valorar la creatividad y las diferencias.

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Niños de unos 6 años en una clase luminosa: Luna, pelo castaño a la altura del cuello, sonriente, pinta torres de un castillo con un gran pincel azul; Alba, pelo corto y mirada tímida, añade estrellas doradas al cielo con pintura plateada; Pedro, pelo negro, ríe y muestra una bicicleta voladora dibujada en un rincón; Lucía, piel clara y pelo largo, con gafas de dibujo pega sus trabajos en la pared; Diego, piel morena y con protectores auditivos coloridos, observa el mural; la maestra Carmen, pelo recogido y sonriente, escribe en letras grandes el título del mural: LAS DIFERENCIAS BONITAS. Situación principal: Luna y Alba pintan juntas un castillo bajo una lluvia de estrellas, gestos cómplices, colores vivos (azul, lila, dorado), textura de gouache y ambiente cálido y alegre de creatividad colectiva. reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1. El día de los paraguas de colores

En la clase de Luna, el sol llegaba tembloroso por la ventana, y las sillas estaban ordenadas como las piezas de un rompecabezas. Luna tenía cinco años y le gustaba mirar los dibujos que hacían las sombras del jardín cuando la brisa movía las ramas. Cada mañana, Luna se preguntaba quién traería algo diferente al aula: una historia, una sonrisa, una pregunta curiosa.

Ese día, mientras guardaba su chaqueta, Luna escuchó un sonido especial, casi como una canción de robot, mezclada con palabras suaves. Se dio vuelta y vio a su compañera nueva, Alba, con un pequeño aparato cuadrado colgado con una cinta. Alba tenía el pelo corto y los ojos grandes como la luna llena. El aparatito decía: “Buenos días, Luna”. Luna se quedó quieta un momento, asombrada.

No era la primera vez que alguien usaba aparatos en la clase. Jaime tenía unas gafas azules porque veía borroso. Diego llevaba tapones para los oídos, porque a veces los ruidos eran demasiado. Pero nunca había visto un comunicador vocal.

Luna le sonrió a Alba y le dijo: “Hola, Alba, ¿puedes hablar con ese aparatito?” Alba apretó un botón y salió una voz que decía: “Me alegro de estar aquí”. Luna pensó que ese aparato era como un paraguas de palabras, guardando frases para cuando ella quisiera compartirlas.

Capítulo 2. El dibujo más original

La maestra Carmen anunció que ese día harían un dibujo entre todos para decorar la pared. “Queremos que cada parte se vea diferente, como una manta tejida con mil hilos de colores”, dijo. Luna ya estaba imaginando flores bailando con gatos, globos en forma de peces y árboles llenos de caramelos.

Los compañeros se sentaron en círculo y repartieron hojas y pinturas. Luna se sentó cerca de Alba, que tenía un estuche con rotuladores de todos los colores imaginables. Luna le preguntó: “¿Qué te gustaría dibujar?” Alba tocó su comunicador y apareció: “Un castillo bajo la lluvia de estrellas”.

“¡Nunca he dibujado uno así!”, pensó Luna. Decidieron hacerlo juntas. Luna dibujó el castillo y Alba, con mucha concentración, llenó el cielo de estrellas con rotuladores azules, lilas y dorados. Había estrellas grandes y otras tan pequeñas como lentejas. A veces, Alba señalaba un color y Luna lo tomaba para ella. Se entendían con gestos, miradas y sonrisas.

Al principio, algunos niños miraban a Alba y a su comunicador con curiosidad. Pedro, que era muy bromista, preguntó si el aparato podía cantar. Alba apretó otro botón y el aparato dijo: “Me gusta el chocolate”, y todos rieron, incluso Alba, que se tapó la boca mientras se le escapaba una risita silenciosa. El aparato no cantaba, pero sí contaba secretos divertidos.

Capítulo 3. Una lluvia de ideas

Cuando todos terminaron, la maestra pidió que pegaran sus dibujos formando un mural gigante. Pedro había hecho una bicicleta con alas, Lucía, un sol con gafas, y Diego, un árbol lleno de casas diminutas. El castillo de Alba y Luna brillaba con su lluvia de estrellas recortadas en papel brillante.

Pero algo faltaba: el mural no tenía título. Carmen propuso que entre todos pensaran en uno. Luna miró los dibujos, tan distintos, y tuvo una idea. Pidió ayuda a Alba. Alba presionó varios botones hasta que el aparato dijo: “Juntos es mejor”. A Luna le encantó. Pero entre todos, siguieron inventando: “El mural de la clase”, “El cuadro de los sueños”, “Las maravillas de nosotros”.

En ese momento, Luna recordó cómo Alba y ella habían mezclado sus formas de decir, sus colores y sus ideas. Se atrevió a decir: “Podemos llamarlo el mural de las diferencias bonitas”. La maestra sonrió y preguntó: “¿Por qué te gusta ese nombre, Luna?”

Luna se puso algo colorada, pero respondió: “Porque todos los dibujos son diferentes, y por eso, el mural es más bonito”. Alba, muy seria, buscó en su comunicador y dijo: “Cada uno es importante”. Los niños aplaudieron la frase y la maestra escribió el nombre en letras grandes y redondas: “LAS DIFERENCIAS BONITAS”.

Capítulo 4. El agradecimiento de todos

Al final del día, Luna ayudó a Alba a recoger sus rotuladores. El sol, cansado pero contento, entraba anaranjado por la ventana. Carmen los reunió a todos en círculo y les pidió que compartieran qué habían aprendido ese día.

Pedro dijo que ahora sabía que no todos hablamos igual, y que eso puede ser divertido. Lucía contó que nunca había pensado en mezclar tantas ideas y que le gustaba inventar cosas nuevas con sus amigos. Diego confesó que le encantó ver cómo Luna y Alba se entendían sin necesidad de muchas palabras.

Luna levantó la mano. Dijo en voz bajita, pero firme: “Hoy aprendí que ser diferente puede ser como tener un color especial, que nadie más tiene. Si los juntamos, somos como un arcoíris”. Alba programó su comunicador y dijo: “Gracias a todos. Me gusta estar aquí”.

Todos, incluso la maestra, dieron las gracias en voz alta. Se abrazaron, sonriendo bajo una lluvia de colores de papel que había preparado la maestra. Luna, con el corazón contento, pensó que ese día había sido como un cuento de aventuras en el que cada uno aporta su magia. Y supo que, entre todas las diferencias, cabía la mayor creatividad del mundo: la de inventar juntos, respetando lo especial de cada uno.

Y así, muy tranquilos y orgullosos, todos fueron a casa, llevando en la mochila una chispa de alegría y el recuerdo de un mural que solo podía existir cuando muchos colores, ideas y formas se unen para crear algo único y maravilloso.

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Que se mueve con pequeñas vibraciones o temblores.
Rompecabezas
Juego con piezas que se juntan para formar una imagen.
Aparato
Objeto hecho para servir o ayudar en algo.
Aparatito
Un aparato pequeño, más chiquito y tierno.
Comunicador vocal
Dispositivo que ayuda a una persona a decir palabras con voz electrónica.
Tapones para los oídos
Objetos que se meten en las orejas para bajar el ruido.
Rotuladores
Marcadores de colores que se usan para dibujar o pintar.
Mural
Gran dibujo o cuadro que se pone en una pared.
Recortadas
Cortadas con tijeras para hacer formas de papel.
Colorada
Cuando la cara se pone roja por timidez o emoción.
Chispa
Pequeña señal de alegría o energía en una persona.

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