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Cuento de viaje en el tiempo 7/8 años Lectura 10 min.

El mirador de los viajes en el tiempo

Hugo encuentra una pulsera que le permite viajar al pasado y al futuro; en cada época observa costumbres, conoce a nuevos amigos y anota lo que aprende sobre cómo entender y cuidar el mundo.

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Un niño de 8 años, asombrado y curioso, cabello castaño claro a la altura del mentón, ojos grandes, con camisa azul de manga larga y vaqueros, sostiene la mano junto a una pequeña pulsera que emite un tenue resplandor azul; a su lado Tomás, también de unos 8 años, sonriente, piel clara y rizos castaños, con pantalones cortos marrones y tirantes, le señala el mirador: una colina herbosa con un banco de madera gastado y vista a un pueblo antiguo de tejados rojos y muros de piedra, calles empedradas, faroles de gas y algunos caballos junto a una plaza bajo un cielo rosa-anaranjado al atardecer; escena principal: el niño descubre que viaja en el tiempo —está en el mirador del pasado, sorprendido y maravillado, la pulsera ilumina su rostro mientras Tomás le hace señas; ambiente cálido con texturas de acuarela, lavados suaves y detalles de madera, piedra y humo de chimeneas. reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1: El mirador misterioso

Hugo tenía ocho años y le encantaba mirar la ciudad desde la ventana de su habitación. Allí, podía ver todos los tejados, el parque, la plaza y el gran mirador en la colina, ese que parecía tocar el cielo. Cada tarde, después de hacer los deberes, Hugo se sentaba con su cuaderno de notas y escribía todo lo interesante que veía: “Hoy la señora Valentina pasea a su perro con gorro azul” o “El reloj del ayuntamiento se ha parado, ¡otra vez!”

Un viernes, mientras ordenaba su escritorio, Hugo encontró una antigua caja de madera entre sus libros. Dentro, había una extraña y reluciente pulsera con un pequeño reloj. Cuando la tocó, el reloj se encendió y una luz azul brilló suavemente.

—¡Vaya! ¿Qué será esto? —pensó Hugo, curioso.

Decidió ponérsela. Al instante, sintió un cosquilleo en la muñeca y escuchó un suave “clic”. De repente, la habitación giró y todo se volvió borroso. Cuando la luz se apagó, Hugo ya no estaba en su cuarto, sino en el mirador de la colina. Pero algo era diferente: los edificios parecían más bajos, los coches no existían y la gente llevaba ropa muy antigua.

—¡Estoy en el pasado! —exclamó Hugo, mirando a su alrededor con asombro.

Sacó su cuaderno y escribió: “Día 1. Viaje en el tiempo. Prueba: he visto caballos en vez de coches. ¡Investigar más!”

Un niño, vestido con pantalones cortos y tirantes, se le acercó.

—Hola, ¿eres nuevo aquí? —preguntó el niño, sonriendo.

—Eh... sí. Me llamo Hugo. ¿Y tú?

—Soy Tomás. Ven, te enseñaré el mirador. Dicen que desde aquí se ve toda la ciudad y, si tienes suerte, puedes ver el futuro.

Hugo se rió. “¡Si supieras que vengo del futuro!”, pensó. Pero decidió seguir a Tomás. Mientras caminaban, Hugo observaba cada detalle y lo apuntaba: “Las casas son de madera, hay faroles de gas y todos parecen tener prisa por algo”.

—¿Por qué escribes tanto? —preguntó Tomás, curioso.

—Me gusta hacer un diario de lo que descubro —respondió Hugo.

—Eso es de sabios. Mi abuelo dice que sólo los que observan bien pueden aprender cosas nuevas.

Hugo sonrió. Quizá Tomás tenía razón.

Capítulo 2: Preguntas y respuestas

Desde el mirador, la ciudad parecía un mapa de colores, con tejados rojos y chimeneas echando humo. Hugo sintió que el viento era más limpio y los pájaros cantaban de otra manera. Tomás le mostró una vieja moneda.

—Esto es lo que usamos para comprar pan en la panadería de la esquina. ¿Tú tienes monedas?

Hugo buscó en sus bolsillos y sólo encontró una moneda moderna. Se la enseñó, pero Tomás abrió los ojos como platos.

—¡Nunca había visto una moneda así! ¿Eres de muy lejos?

—Bueno, sí, se podría decir que sí —respondió Hugo, intentando no contar demasiado.

Mientras bajaban por la colina, se toparon con una señora que vendía dulces.

—¿Queréis un caramelo? —preguntó amablemente.

Hugo aceptó uno y apuntó: “Dulces envueltos en papel de colores. Sabor a fresa, muy dulce”.

Tomás le hizo una pregunta que dejó a Hugo pensativo:

—¿Cómo crees que será la ciudad dentro de muchos, muchos años?

Hugo pensó en los coches, los autobuses, los teléfonos móviles y los grandes edificios que había visto desde su ventana.

—Creo que habrá muchas cosas nuevas y la gente podrá hablar incluso estando lejos, como si estuvieran cerca.

Tomás se rió.

—Eso suena a magia. Mi padre dice que sólo los magos pueden hacer cosas así.

Hugo se dio cuenta de que viajar en el tiempo era como ser un mago, pero de la ciencia.

De repente, la pulsera de Hugo parpadeó y sintió un nuevo cosquilleo. Una voz suave, como la de un robot, susurró:

—Tiempo de regresar. ¿Preparado?

Hugo miró a Tomás.

—Tengo que irme. Pero gracias por enseñarme tu ciudad.

—Vuelve cuando quieras, Hugo. ¡Tráeme una de esas monedas raras!

Hugo apretó el botón de la pulsera y, otra vez, todo giró.

Capítulo 3: Un salto al futuro

Hugo aterrizó de pie en el mismo mirador, pero esta vez la ciudad era diferente. Los edificios eran altísimos, de cristal y luces de colores. Había coches que volaban y pantallas gigantes en las calles. Hugo abrió mucho los ojos y escribió en su cuaderno: “Día 2. Viaje al futuro. Prueba: coches voladores, robots saludando en la plaza. ¡Increíble!”

De repente, una niña se le acercó. Llevaba un patinete que flotaba y una mochila con luces que cambiaban de color.

—Hola, ¿eres nuevo aquí? —preguntó la niña, amigable.

—Sí, me llamo Hugo.

—Yo soy Vega. ¿Has visto ya los drones músicos? Tocan canciones en el parque los domingos.

—¡No! ¿Cómo es eso posible?

—La tecnología ayuda mucho. Mi abuela dice que antes la gente usaba papel para escribir. ¿Tú usas papel?

Hugo se rió y levantó su cuaderno.

—¡Sí! Me gusta escribir a mano.

—¡Qué curioso! ¿Puedo verlo?

Hugo le mostró el cuaderno y Vega lo miró con asombro.

—Es bonito. Mi profesora dice que escribir ayuda a pensar mejor.

Mientras paseaban, Vega le contó cómo los niños aprendían en aulas virtuales y cómo cuidaban el aire con plantas en los tejados.

—¿La gente siempre ha cuidado el planeta? —preguntó Vega.

Hugo recordó que en su época no todos lo hacían.

—Se está aprendiendo poco a poco. A veces cometemos errores, pero si pensamos bien, podemos mejorar.

Vega le sonrió.

—Eso dice mi abuela: “Aprender del pasado nos ayuda a cuidar el futuro”.

Hugo apuntó: “En el futuro, la gente quiere aprender del pasado”.

La pulsera de Hugo parpadeó otra vez.

—Tiempo de regresar. ¿Preparado?

—Tengo que volver —dijo Hugo, despidiéndose.

—¡Vuelve pronto! —gritó Vega, saludando con la mano.

Capítulo 4: Paradojas y descubrimientos

Hugo volvió al mirador de su época. El sol caía sobre la ciudad y todo parecía más tranquilo. Se sentó en el banco y abrió su cuaderno. Repasó sus notas:

“En el pasado: la gente se ayuda, observa el mundo y aprende de los mayores.”

“En el futuro: la tecnología ayuda, pero lo importante sigue siendo pensar y cuidar a los demás.”

Mientras escribía, pensó en una pregunta que no paraba de darle vueltas: ¿Y si cambiamos algo en el pasado, cambia el futuro? Recordó lo que le dijo Tomás: “Sólo los que observan bien pueden aprender cosas nuevas”.

Hugo decidió que lo mejor era no cambiar nada, solo observar y aprender. Así, el futuro seguiría lleno de sorpresas y cosas buenas. Recordó también a Vega: “Aprender del pasado nos ayuda a cuidar el futuro”.

De repente, escuchó una voz familiar:

—¿Qué haces aquí tan pensativo? —era su mamá, que venía a buscarlo para cenar.

—Estoy apuntando cosas para no olvidarlas —respondió Hugo.

—Eso está muy bien. Apuntar ayuda a entender mejor lo que vivimos.

Hugo sonrió. Tal vez su mamá y la abuela de Vega se habrían entendido muy bien.

—¿Sabías que el mirador es el mejor sitio para ver cómo cambia la ciudad? —preguntó Hugo.

—Sí, y también para imaginar cómo será algún día —respondió su mamá, guiñándole un ojo.

Al volver a casa, Hugo pensó que cada época tenía algo especial. Si uno observa bien y hace preguntas, puede aprender mucho.

Capítulo 5: De vuelta al presente

Esa noche, Hugo se preparó para dormir. Dejó la pulsera mágica junto a su cuaderno, encima de la mesa. Miró la ciudad desde la ventana. Ahora, los tejados, las luces y la plaza le parecían aún más interesantes.

Abrió su cuaderno una última vez y escribió:

“Hoy he viajado en el tiempo. He aprendido que cada época tiene sus secretos y sus preguntas. Lo importante es observar, pensar y querer mejorar. El futuro se construye con lo que aprendemos del pasado y lo que vivimos en el presente.”

Hugo miró la pulsera, que ya no brillaba, y sonrió. Sabía que, aunque no viajara más en el tiempo, siempre podía descubrir cosas nuevas si observaba bien y se hacía buenas preguntas.

Dejó la pulsera en la mesa, apagó la luz y se durmió tranquilo, soñando con nuevos viajes y con una ciudad llena de historias por descubrir.

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El cuestionario: ¿has entendido bien el cuento?

Mirador
Lugar alto desde donde se puede ver la ciudad y el paisaje.
Tejados
Parte superior de las casas que cubre y protege el interior.
Chimeneas
Conductos por donde sale el humo de los fuegos o estufas.
Faroles de gas
Lámparas antiguas en la calle que funcionan con gas.
Reluciente
Que brilla mucho y parece nuevo o muy limpio.
Cosquilleo
Sensación ligera y divertida en la piel, como un pinchazo suave.
Borroso
Que no se ve con claridad, como si estuviera desenfocado.
Tirantes
Tiras de tela que sujetan los pantalones por encima de los hombros.
Panadería
Tienda donde se hace y vende pan y bollos frescos.
Envueltos
Cubiertos con papel o tela para proteger o presentar algo.
Parpadeó
Acción de abrir y cerrar los ojos o una luz muy rápido.
Drones músicos
Aparatos voladores que llevan altavoces y tocan música en el aire.
Aulas virtuales
Salones de clase en internet donde los niños aprenden online.
Patinete
Pequeño vehículo para apoyar un pie y empujar con el otro.

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