Capítulo 1: El gran día de la excursión
El señor Mateo se despierta muy temprano. ¡Hoy es un día especial! Hoy va a llevar a sus alumnos de excursión al parque grande de la ciudad. El señor Mateo es maestro. Le encanta enseñar y siempre tiene una sonrisa. Sus alumnos dicen que su risa suena como campanas.
En la escuela, el señor Mateo prepara todo. Tiene una lista con los nombres de los niños, una caja con bocadillos, botellas de agua y una carpeta con juegos y actividades. Antes de salir, reúne a todos los niños en círculo.
—Niños, hoy vamos al parque a aprender y a divertirnos —dice el señor Mateo, moviendo las manos como si fueran mariposas—. ¡Vamos a observar plantas, a buscar bichitos y a jugar juntos!
—¡Sí, sí! —gritan los niños saltando de alegría.
El señor Mateo revisa que todos lleven su gorra y su mochila. Cuenta: uno, dos, tres… hasta llegar a veinte. Todos están listos. El señor Mateo les recuerda:
—Vamos a caminar juntos, despacito y en fila. Si ven algo curioso, me lo dicen. ¡Hoy vamos a aprender con los ojos y con el corazón!
Los niños repiten:
—¡Con los ojos y con el corazón!
Así empieza la aventura. El señor Mateo va adelante, guiando a sus alumnos como un capitán de barco alegre.
Capítulo 2: Descubrimientos en el parque
El parque está lleno de colores. Hay árboles altos, flores de muchos colores y pájaros cantando. El sol brilla y los niños corren por el césped. El señor Mateo los llama:
—¡Venid, venid! ¿Quién quiere ser un explorador hoy?
Todos levantan la mano. El señor Mateo reparte lupas de colores.
—Vamos a buscar cosas pequeñas y cosas grandes. Vamos a mirar y a preguntar. Los maestros siempre preguntan mucho. ¡Así aprendemos!
Julia, una niña con coletas, encuentra una mariquita.
—¡Señor Mateo! ¡Aquí hay un bichito rojo con puntitos!
El señor Mateo se agacha.
—¡Qué buena observadora, Julia! Las mariquitas son amigas de las plantas. ¿Alguien sabe por qué?
Lucas, que adora los animales, responde:
—¡Porque comen bichitos malos!
—¡Muy bien, Lucas! —dice el señor Mateo, aplaudiendo—. Aprendemos de la naturaleza, y también aprendemos unos de otros. Por eso me gusta ser maestro. Cada día aprendo algo nuevo con vosotros.
Los niños sonríen. Les gusta cuando el señor Mateo cuenta historias. Él les habla de cuando era niño y soñaba con ser maestro.
—De pequeño, yo tenía una maestra que me enseñó a mirar las cosas de cerca. Me decía: “Mateo, la curiosidad es tu mejor amiga”. Y yo quiero que vosotros también seáis curiosos.
Los niños miran a su alrededor. Ven hormigas, flores, hojas de muchos tamaños. El señor Mateo les enseña a tocar las hojas suavemente y a escuchar el sonido del viento.
—Aprender es como una aventura —dice el señor Mateo—. Siempre hay algo nuevo por descubrir.
Capítulo 3: Juegos, risas y aprendizajes
Después de explorar, el señor Mateo organiza un juego. Saca una cuerda y la pone en el suelo.
—Vamos a jugar a “El río y las piedras”. Imaginad que la cuerda es un río. Debéis saltar de un lado a otro, pero antes de saltar, tenéis que decir algo que habéis aprendido hoy.
Los niños hacen fila. Carla salta y dice:
—He aprendido que las mariquitas ayudan a las plantas.
Sergio salta y dice:
—He aprendido que hay muchas hojas diferentes.
Todos saltan y cuentan algo. El señor Mateo salta también.
—Yo he aprendido que mis alumnos son muy curiosos y alegres. ¡Y eso me encanta!
Los niños ríen y aplauden. Luego, se sientan en círculo para comer bocadillos. Mientras meriendan, el señor Mateo les pregunta:
—¿Recordáis algún momento divertido en clase?
Clara levanta la mano.
—¡Cuando hicimos la lluvia de ideas y todos dijimos palabras graciosas!
Jaime dice:
—¡Cuando trajiste la guitarra y cantamos juntos!
El señor Mateo sonríe.
—¡Qué recuerdos tan bonitos! Ser maestro es cuidar, enseñar y también reír. Me gusta veros crecer y aprender cada día.
Capítulo 4: Volviendo a la escuela, corazones contentos
La tarde llega y es hora de volver a la escuela. El señor Mateo cuenta otra vez a los niños: uno, dos, tres… hasta veinte. Todos están cansados pero felices.
—Hoy hemos aprendido mucho —dice el señor Mateo—. Hemos visto bichitos, flores y hojas. Hemos jugado y hemos recordado momentos bonitos. ¿Qué es lo más importante que habéis aprendido hoy?
Todos piensan un poco. Julia dice:
—He aprendido que aprender puede ser muy divertido.
Lucas dice:
—He aprendido que los maestros también aprenden con nosotros.
El señor Mateo se emociona.
—Sí, eso es verdad. Los maestros enseñamos, pero también aprendemos de vosotros. Enseñar es compartir, escuchar y acompañar. Es ayudaros a descubrir el mundo y a ser mejores cada día.
Los niños caminan de la mano. Cantan una canción que el señor Mateo les enseñó. Al llegar a la escuela, los padres esperan con sonrisas.
El señor Mateo despide a cada niño con un abrazo.
—Hasta mañana, exploradores. Mañana seguiremos aprendiendo juntos.
Los niños se despiden agitando las manos.
El señor Mateo recoge sus cosas y mira el parque desde la ventana. Piensa en lo afortunado que es de ser maestro. Cada día es una aventura llena de risas, preguntas y mucho cariño.
Así, el señor Mateo sigue soñando y enseñando. Y sus alumnos, cada día, aprenden a mirar el mundo con ojos curiosos y corazones alegres.