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Cuento sobre la primavera 11/12 años Lectura 11 min.

El collage de la primavera y la voz de Justo

Justo descubre la llegada de la primavera recogiendo pequeños tesoros naturales y, entre un collage y ensayos en la escuela, aprende a confiar en su voz y en sus propios pasos.

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Un niño de 12 años, rostro redondo y mejillas sonrosadas, pelo castaño corto y ojos brillantes algo tímidos, sonríe suavemente sosteniendo una pequeña carpeta con su collage visible (pétalos y una pluma dibujados) mientras canta en una pequeña tarima; a su derecha, Nora, también de unos 12 años, con coletas rubias y mirada traviesa, le guiña un ojo y le da una palmada en el hombro; delante de ellos la profesora Vega, alrededor de 40 años, pelo gris-azulado recogido en moño y gafas redondas, dirige con los brazos levantados y sonrisa benevolente. La sala es un aula de música con suelo de parquet brillante, filas de sillas coloridas en semicírculo, un teclado negro sobre un atril, pósteres florales y una gran ventana que deja entrar una luz primaveral suave; la escena usa colores pastel cálidos, trazos redondeados, contornos nítidos y texturas delicadas, creando una atmósfera luminosa y acogedora. reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1

Justo notó el cambio antes que nadie en su calle. No fue un trueno ni una noticia en la tele. Fue un olor. Al abrir la ventana, el aire entró más tibio, con un perfume húmedo, como tierra recién despierta.

—Huele a… ¿jardín? —murmuró, y sonrió sin darse cuenta.

En el parque de enfrente, los árboles todavía tenían ramas finas y algo grises, pero en las puntas asomaban yemas verdes, diminutas como granos de arroz. El sol se apoyaba en los bancos y los hacía brillar, como si alguien los hubiera pulido.

Su madre le dijo desde la cocina:

—Hoy parece que el invierno ya se está cansando.

Justo desayunó rápido. En el camino a la escuela, la mochila le parecía menos pesada, quizá porque escuchaba más pájaros que coches. Un mirlo cantó desde una farola, y Justo levantó la cabeza como si esa canción fuera un saludo personal.

En la entrada del colegio, un cartel anunciaba: “Ensayo de canciones de primavera. Sala de música. Viernes”. Justo lo leyó dos veces. La palabra “primavera” le sonó a color.

Y entonces se le ocurrió una idea: quería guardar ese cambio, ese comienzo suave, de alguna forma que no se escapara. Como si pudiera meter el aire tibio en el bolsillo.

Capítulo 2

En el recreo, Justo se agachó cerca del seto del patio. Había hojas secas del invierno, crujientes, con bordes rizados. Entre ellas, descubrió una pluma pequeña, gris y blanca, y un pétalo caído que parecía de papel rosa.

—¿Qué haces? —preguntó Nora, su compañera, acercándose con un bocadillo en la mano.

—Busco cosas para un collage —dijo Justo, enseñándole la pluma—. Cosas de primavera… aunque todavía esté empezando.

Nora masticó y miró alrededor.

—Pues yo solo veo hojas viejas.

Justo levantó el pétalo a contraluz. El sol lo atravesó y lo volvió casi transparente.

—Mira bien. La primavera a veces llega en silencio.

Nora se encogió de hombros, pero sonrió.

—Vale, detective del polen. ¿Y dónde lo vas a hacer?

—En casa. Tengo cartulina y cola. Pero quiero que sea… real. Con cosas de verdad, no solo dibujos.

Esa tarde, al volver, pasó por el parque despacio. Encontró una ramita fina con un brote verde, como una uñita nueva. También recogió dos semillas aladas que giraban cuando las soplaba.

En su cuarto, extendió todo sobre el escritorio. El collage iba a ser como un mapa de sensaciones: el crujido de la hoja, la suavidad de la pluma, el olor a hierba.

Pegó primero las hojas secas, como si fueran el suelo. Encima, colocó el pétalo rosa y la ramita con brote. Las semillas aladas quedaron en una esquina, como si estuvieran a punto de volar.

Cuando terminó, se quedó mirándolo. No era perfecto. La pluma se levantaba por un lado y una hoja quedó torcida. Aun así, sintió un orgullo cálido, como cuando te sale bien una nota difícil y te das cuenta tú solo.

—Me gusta —dijo en voz baja—. Es mío.

Capítulo 3

El viernes, la sala de música olía a madera y a metal, como instrumentos guardados con cuidado. Había sillas en semicírculo y un teclado junto a la pizarra. La profesora Vega repartía hojas con letras de canciones.

—Hoy ensayamos temas de estación —anunció—. Cantaremos sobre la luz, la lluvia y lo que vuelve.

Justo se sentó con su grupo. Tenía el collage en una carpeta; no sabía por qué lo había traído, pero le tranquilizaba sentirlo cerca.

La profesora empezó a marcar el ritmo con palmas.

—Uno, dos… respirad. Que la voz no empuje, que flote.

Cantaron una canción sobre gotas que hacen “tic-tac” en los charcos. Las voces se mezclaban, unas más altas, otras más tímidas. Justo cantaba sin hacer mucho ruido. Le daba miedo destacarse y equivocarse justo en un verso.

La profesora se detuvo de repente.

—Justo, ¿puedes repetir esa frase tú solo? La has cantado con un color muy bonito.

Justo sintió que la cara se le calentaba.

—Yo… ¿solo?

—Sí. Tranquilo. Aquí no hay exámenes, hay música —dijo ella, y sonrió como quien abre una ventana.

Los demás lo miraron. Nora le guiñó un ojo desde la otra fila, como diciendo “tú puedes”.

Justo tragó saliva. Pensó en su collage: en el brote verde que se atrevía a salir de la rama. Si el brote podía, él también.

Cantó la frase despacio, cuidando cada palabra. Su voz salió más clara de lo que esperaba, como agua que encuentra su camino entre piedras.

Cuando terminó, nadie se rió. Al contrario, se escuchó un “bien” por ahí y un par de palmas suaves.

La profesora Vega asintió.

—¿Ves? La primavera también es eso: algo pequeño que se atreve a salir.

Justo respiró hondo. En su pecho, el miedo se hizo más pequeño.

Capítulo 4

Después del ensayo, la profesora vio la carpeta que Justo llevaba apretada contra el pecho.

—¿Qué guardas ahí con tanto cuidado?

Justo dudó un segundo, pero la curiosidad pudo más.

—Un collage… con cosas naturales. De primavera.

Lo sacó y lo enseñó. La profesora lo observó como si estuviera leyendo un poema.

—Qué buena idea. Se nota el tacto: hojas secas, un pétalo… y esa pluma parece una coma.

—¿Una coma? —preguntó Justo, sorprendido.

—Sí, una pausa. Como cuando el invierno se detiene y deja pasar la luz.

Justo se rió bajito. Nunca había pensado que una pluma pudiera ser un signo de puntuación.

—Me daba miedo que quedara raro —confesó—. No está… perfecto.

La profesora Vega le devolvió el collage.

—La naturaleza tampoco es perfecta. Y aun así, mira qué bien le va.

Nora se acercó en ese momento.

—Oye, está chulo. Parece un suelo de bosque.

Justo notó algo nuevo: no solo estaba orgulloso por dentro, también podía decirlo sin vergüenza.

—Gracias. Quería guardar el cambio… como cuando empieza a oler distinto.

—Pues lo has guardado —dijo Nora—. Y sin frasco.

Al salir al pasillo, Justo sintió que caminaba un poco más derecho. Como si su voz en la sala de música y su collage fueran dos maneras de lo mismo: confiar en que lo que haces merece un lugar.

Capítulo 5

El fin de semana, Justo pidió ir al parque con su padre. Llevó una pequeña libreta y un lápiz.

—¿Vas a dibujar? —preguntó su padre.

—A apuntar cosas —respondió Justo—. Detalles. Porque luego se me olvidan.

Se sentaron cerca de un almendro. Las flores blancas parecían diminutas estrellas con olor dulce. Una abeja pasó zumbando, y Justo la siguió con la mirada hasta que desapareció entre las ramas.

Escribió: “Las abejas suenan como un motorcito amable”.

Luego anotó cómo el viento movía la hierba joven y hacía olas verdes. Tocó un tronco: estaba frío por la sombra, pero no tanto como en enero. En un charco pequeño, el sol dibujaba un círculo brillante.

Su padre lo miró.

—Te estás volviendo un experto en notar cosas.

Justo se encogió de hombros, pero no con timidez, sino con tranquilidad.

—Creo que siempre han estado. Solo… no las miraba.

Antes de volver, encontró una hoja nueva, todavía tierna, caída por accidente. Era verde claro, con venas finas como carreteras en un mapa. No quiso arrancar nada del árbol; esa hoja ya estaba en el suelo, así que la recogió con cuidado.

En casa, la puso al lado del collage sin pegarla, como si fuera una visita.

—Cuando se seque, la añado —dijo.

Y pensó que él también estaba así: creciendo poco a poco, sin prisa, pero de verdad.

Capítulo 6

Llegó el día de cantar en la escuela. No era un concierto enorme, solo una presentación para otras clases en el gimnasio. Aun así, Justo sintió mariposas en el estómago, de esas que no sabes si son miedo o emoción.

La profesora Vega los reunió antes de salir.

—Recordad: la voz no tiene que ser gigante. Tiene que ser sincera.

Justo apretó los dedos y respiró como habían practicado. Nora, a su lado, susurró:

—Si te equivocas, yo me equivoco contigo. Así parece un arreglo moderno.

Justo soltó una carcajada pequeña.

—Trato hecho.

Cantaron la canción de la lluvia y luego una más alegre sobre el sol que vuelve a los patios. Justo escuchaba a los demás y se sentía parte de algo, como una gota en un río.

En la última estrofa, la profesora hizo un gesto para que Justo cantara la frase que había repetido en el ensayo. Esta vez no se encogió. Miró al frente y cantó.

Su voz no tembló. No era la más fuerte, pero sí la suya. Al terminar, oyó aplausos claros, y no le parecieron un juicio, sino un abrazo sonoro.

Esa tarde, al llegar a casa, pegó la hoja nueva ya seca en el collage. El verde se había vuelto más suave, como una memoria.

Se quedó mirándolo y entendió algo con calma, como se entiende una puesta de sol: el invierno no se había ido para siempre, pero tampoco era el dueño del calendario.

La primavera volvería cada año. Y él también volvería a intentar cosas, cada vez con un poco más de confianza, como un brote que aprende a abrirse sin pedir permiso.

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Un poco caliente, ni frío ni muy caliente, temperatura suave.
Yemas
Parte pequeña y nueva de una rama donde crecerán hojas o flores.
Pulido
Superficie muy lisa y brillante porque alguien la ha frotado mucho.
Collage
Composición hecha pegando fotos, hojas y otros materiales sobre papel.
Contraluz
Cuando la luz viene desde atrás y hace siluetas oscuras.
Semillas aladas
Semillas que tienen una parte ligera que les ayuda a volar.
Cartulina
Papel grueso y resistente que se usa para manualidades y carteles.
Cola
Pegamento que se usa para unir papel, tela u otros materiales.
Motorcito
Palabra para decir un motor pequeño; sonido ruidoso pero suave.
Venas
Líneas delgadas en hojas que llevan agua y comida dentro de la planta.
Tacto
Sentido que usamos con las manos para sentir textura y temperatura.
Estrofa
Cada grupo de versos que forma una parte de una canción o poema.
Ensayo
Práctica que se hace antes de una presentación para preparar todo.
Brote
Parte joven que sale de una planta y después puede hacerse hoja o flor.
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Pruebas para evaluar lo que alguien ha aprendido en la escuela.

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