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Cuento de Jugador de fútbol 7/8 años Lectura 8 min.

El balón que unió a la ciudad

María lidera a su equipo, Las Manos Abiertas, en un torneo del barrio, enseñando pases, control y fair‑play mientras ayuda a una niña tímida y une a la comunidad a través del fútbol.

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Mujer adulta, María, con sonrisa amable y mirada benevolente, pelo castaño en coleta, camiseta azul y pantalones cortos blancos, extiende la mano para ayudar a un jugador a levantarse en el campo; chico de unos 12 años, rival, sorprendido pero agradecido, rodilla en el suelo, camiseta roja manchada de hierba, toma la mano de María; niña de unos 6 años, espectadora tímida, vestido amarillo y trenzas, sostiene un dibujo de un balón rodeado de manos y mira a María con admiración desde el borde del campo; Lucía, compañera de unos 16 años, pelo rubio en coleta alta, corre hacia la portería con el balón, concentrada y alegre, algo atrás a la izquierda; campo de fútbol en un parque de barrio con césped marcado por el juego, gradas de madera con padres sonrientes, árboles y farolas a lo lejos, cielo claro con toques de sol y nubes suaves; escena principal: gesto de fair-play durante un partido amistoso, compañerismo, colores cálidos y lavado acuarelado suave, trazos fluidos y detalles de hierba, ropa y expresiones claras. reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1: La ciudad que quería jugar

María vivía en una calle alegre, cerca de un parque donde siempre se escuchaba risas. Ella era jugadora de fútbol. Tenía el pelo recogido en una coleta y una sonrisa que brillaba como el sol de la mañana. Aunque era adulta, jugaba con el corazón de una niña: valiente, curioso y muy atento a los demás.

Cada día, antes del entrenamiento, caminaba despacio por el parque. Miraba cómo volaban las hojas y escuchaba el sonido del viento. Le gustaba sentir la pelota debajo del pie. “Hoy quiero controlar el balón con el interior del pie”, se decía. Para María, controlar no era mandar al balón; era hablar con él suavemente y entenderlo.

Un día, el alcalde anunció un torneo para reunir a toda la ciudad. Habría equipos de niños, niñas y adultos. María sonrió. “Será divertido. Jugaré con mi equipo y enseñaré a todos que el juego es alegría.” Su equipo se llamaría Las Manos Abiertas, aunque en el campo no se usan las manos. Era un nombre para recordar que sus jugadoras y jugadores siempre ayudaban a los demás.

Capítulo 2: Entrenamiento bajo las nubes

En el primer entrenamiento, las nubes pintaban el cielo de gris claro. María reunió al equipo en el césped. “Hoy practicaremos pases y control con el interior del pie”, dijo. Sus palabras fueron claras y suaves. El equipo la miró con atención.

Empezaron con ejercicios sencillos. María pasaba la pelota a Ana, y Ana la devolvía. “Controla con el interior del pie, como si me dieras un abrazo al balón”, les dijo. Todos rieron porque la imagen era graciosa. Pedro intentó un pase largo y la pelota se escapó. María fue a buscarla y le dijo: “No te preocupes, Pedro. La próxima vez la esconderemos mejor.”

Durante la práctica, una niña pequeña se acercó. Tenía miedo de participar. María se agachó, le dijo su nombre y le ofreció la mano. “Ven, prueba este control. No pasa nada si fallas.” La niña sonrió y tocó la pelota con el interior del pie. La bola se quedó cerca, obediente. “¡Lo lograste!” exclamó todo el equipo. María les recordó: “El fútbol es para todos. El respeto y la ayuda valen más que un gol.”

El entrenador explicó reglas sencillas sobre el fair-play. “Si alguien cae, nos levantamos sin enfadarnos. Si alguien erró, lo animamos.” María reforzó la idea con un juego en parejas. Cada pareja debía pasar y recibir sin gritar. Aprendieron a escuchar el ritmo del equipo, a esperar el momento correcto para tocar la pelota y a no empujar. El entrenamiento terminó con una lluvia fina que refrescó a todos. María cerró los ojos y agradeció el agua. “Gracias, cielo. Nos ayudas a jugar mejor.”

Capítulo 3: El partido del barrio

Llegó el día del torneo. El campo olía a césped recién cortado y a nervios buenos. Las tribunas estaban llenas de gente que sonreía. La voz del speaker anunciaba los equipos. María respiró hondo. Sentía mariposas en la panza, pero también paz. Sus compañeras la miraron con confianza.

El silbato sonó y el juego empezó. El balón iba y venía como una canción. A veces iban rápido, otras veces era necesario calmar el juego. María controló una pelota difícil con el interior del pie. Pareció que la bola entendió su caricia y se quedó a su lado. Pasó a Lucia con una precisión suave. Lucia corrió y marcó el primer gol. El público aplaudió.

Durante el partido, ocurrió algo lindo. Un jugador del equipo contrario tropezó y cayó. En vez de aprovechar para ganar, María se acercó, le ofreció la mano y lo ayudó a levantar. Los dos equipos hicieron una pausa y aplaudieron el gesto. El entrenador rival sonrió y gritó: “Eso es fútbol.” María dijo en voz baja: “Ganar es bueno, ser justo es mejor.”

En el segundo tiempo, el partido se puso igualado. El equipo contrario tenía velocidad, pero Las Manos Abiertas tenían orden y corazón. María enseñó cómo usar el interior del pie para recibir un pase con calma y girar sin perder la pelota. “Piensa antes de tocar”, le dijo a un jugador joven. El chico respiró y lo intentó; la jugada terminó en una gran combinación que casi fue gol.

A mitad del juego, el cielo se abrió y un rayo de sol iluminó el campo. Parecía que el clima también quería ver el partido. El viento soplaba suave y ayudaba a que la pelota rodara sin esfuerzo. María miró al cielo, sonrió y pensó en todas las prácticas, en cada caída y en cada abrazo del equipo. Estaba orgullosa.

Capítulo 4: Final y gratitud

Al final, el partido terminó en empate. Nadie se enfadó. El árbitro levantó los brazos y todos se juntaron en el centro del campo. Hubo sonrisas, hombros chocando y manos que se apretaban. María se acercó a los niños, a las niñas y a los adultos. Dijo: “Gracias por jugar con nosotros. Gracias por aprender y enseñar.”

La niña que antes tenía miedo vino con un dibujo. Era de un balón con muchas manos alrededor. “Para ti, María”, dijo tímida. María lo abrazó y lo puso en su bolsillo. “Lo llevaré siempre”, respondió, con los ojos brillantes.

Antes de irse, el equipo miró las gradas. Muchas personas habían ayudado: padres, entrenadores y voluntarios. También agradecieron al campo, al árbitro y a los equipos rivales por respetar las reglas. María subió a una caja pequeña y dijo unas palabras sencillas: “El fútbol nos enseña a cooperar. Nos enseña a manejar las emociones. Nos enseña a dar la mano cuando alguien cae. Y nos enseña a agradecer.”

Esa noche, en la plaza, se celebró con una merienda. Había galletas y naranjas. Los niños corrían y los mayores conversaban. María se sentó en el césped y recordó a cada persona que la había ayudado en su camino: su primera entrenadora, sus amigas de infancia, el entrenador del club y las personas que lavaban los uniformes. Agradecer le hacía sentir calor en el pecho.

Antes de dormir, María caminó sola por el parque. Las farolas encendían un brillo cálido. Miró al cielo y al clima que había hecho posible el día. Respiró profundamente y dijo en voz baja: “Gracias por la lluvia que nos despertó, por el sol que nos iluminó y por el viento que jugó con la pelota.” Luego añadió, con una sonrisa tranquila: “Gracias al clima.”

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El cuestionario: ¿has entendido bien el cuento?

Control con el interior del pie
Manera de parar o recibir la pelota usando la parte interior del pie.
Torneo
Competición donde varios equipos juegan entre sí para ver quién gana.
Tribunas
Lugares con asientos donde la gente se sienta a ver el partido.
árbitro
Persona que dirige el juego y dice si una jugada es correcta o no.
Empate
Cuando los equipos terminan el partido con el mismo número de goles.
Voluntarios
Personas que ayudan sin que les paguen, por gusto o por ayudar.
Fair-play.
Juego limpio; comportarse con respeto y honestidad en el deporte.
Entrenamiento
Momento de práctica donde el equipo aprende y mejora jugando.
Merienda
Comida pequeña que se toma por la tarde, como galletas o fruta.
Calmar el juego
Hacer que el partido vaya más lento para jugar con más orden.

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