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Cuento sobre la fiesta de Año Nuevo 7/8 años Lectura 8 min.

El año nuevo en la casa del árbol

Marina, Valentina y Lucía pasan la noche de fin de año en la casa del árbol de Marina, donde escriben sus resoluciones y se prometen apoyarse mutuamente en sus aventuras. Juntas, enfrentan risas, tropiezos y la emoción de un nuevo comienzo.

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Hay 3 personajes: - Marina: una niña de 8 años con cabello castaño y rizado, lleva un suéter rojo con estrellas doradas. Está sentada en un cojín suave, sonriendo y sosteniendo una libreta de resoluciones. - Valentina: una niña de 8 años con cabello rubio trenzado, vestida con un vestido de lunares de colores. Está de pie, con los brazos levantados riendo, con una uva en la mano. - Lucía: una niña de 8 años con cabello negro y liso, lleva un gorro de fiesta con pompón. Está agachada, tratando de recoger una uva que rodó, con una gran sonrisa en el rostro. El lugar es una encantadora casa en un árbol, decorada con guirnaldas luminosas y cojines de colores. Dentro, hay peluches esparcidos alrededor de una pequeña mesa de madera, donde hay vasos de chocolate caliente y platos de pasteles en forma de estrellas. Fuera, el cielo está iluminado por fuegos artificiales multicolores que estallan en la noche estrellada. La situación principal muestra a las tres amigas celebrando el Año Nuevo, riendo y compartiendo sus resoluciones mientras intentan comer uvas al ritmo de las doce campanadas de medianoche. reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1: Un Año Nuevo en la Casa del Árbol

Marina, Valentina y Lucía eran amigas desde el primer día de segundo de primaria. Las tres tenían algo especial en común: ¡amaban las aventuras y las risas! Pero este 31 de diciembre no era un día cualquiera. Por primera vez, iban a pasar el fin de año en un lugar muy, muy especial: la casa del árbol de Marina, un rincón secreto en el jardín de su abuela, lleno de luces de colores, colchonetas blanditas y una cuerda para trepar que siempre hacía reír a Valentina porque decía que parecía un espagueti gigante.

—¡Este año vamos a hacer la mejor fiesta del universo! —anunció Lucía, mientras se subía a la cuerda como un mono travieso.

—Y también vamos a escribir nuestras resoluciones para el año nuevo —dijo Marina, sacando de su mochila una libreta y tres bolígrafos de purpurina.

Valentina, que ya tenía purpurina en la nariz, preguntó:

—¿Eso de resoluciones es como hacer una lista de deseos?

—¡Más o menos! —contestó Marina—. Es como prometerte algo a ti misma para el año que empieza, y así puedes intentar ser mejor o hacer cosas nuevas.

Las tres se sentaron en círculo, rodeadas de cojines y peluches, mientras la abuela de Marina les subía chocolate caliente y galletas de estrella.

—¡Empecemos la lista! —dijo Valentina, relamiéndose los labios con el chocolate.

Capítulo 2: Resoluciones y Risas

Lucía fue la primera en escribir: “Este año aprenderé a andar en patines sin caerme más de cinco veces.” Marina se rió, porque recordaba las veces que Lucía había patinado en zigzag persiguiendo a su perro, y acababa en el césped con la lengua fuera.

—Yo escribo… mmm… —pensó Marina, mordiéndose el bolígrafo—: “Voy a cuidar más de mis plantas y no olvidarme de regarlas, aunque esté viendo series de dibujos.”

Valentina miró a sus amigas, pensativa. Luego, con una sonrisa, escribió: “Voy a atreverme a cantar en público en la fiesta de la escuela, aunque me tiemblen las piernas como gelatina.”

Las amigas se miraron, sorprendidas y emocionadas.

—¡Eso sí es valiente! —dijo Lucía, dándole un abrazo a Valentina.

—Sí, y si te tiemblan las piernas, ¡yo te las sujeto! —añadió Marina, y las tres se rieron tanto que casi tiran la taza de chocolate.

De repente, escucharon el sonido de fuegos artificiales a lo lejos. El cielo empezaba a llenarse de colores, y la luna parecía guiñarle un ojo a la casa del árbol.

—¿Qué más podemos poner en la lista? —preguntó Marina.

—Podemos escribir una para las tres —propuso Valentina—. Algo que hagamos juntas.

Las tres se quedaron pensando. Entonces Lucía exclamó:

—¡Vamos a prometernos que, pase lo que pase, siempre nos ayudaremos y animaremos unas a otras! Como un equipo de súper amigas.

—¡Sí! —gritaron las otras dos a la vez.

Y así, en la libreta de purpurina, quedaron escritas las resoluciones más importantes: aprender cosas nuevas, enfrentarse a los miedos y cuidarse unas a otras.

Capítulo 3: La Cuenta Atrás Más Loca

Faltaba poco para la medianoche. La abuela de Marina subió con una bandeja llena de uvas peladas (¡sin pepitas!) y gorros de fiesta que tenían pompones en forma de cohetes.

—¡Preparad vuestras uvas, chicas! —dijo la abuela—. Ya sabéis, una por cada campanada.

Marina, Valentina y Lucía se pusieron los gorros y se miraron en el pequeño espejo que había en la casa del árbol. Parecían tres astronautas a punto de viajar al planeta Uva. Valentina intentó poner dos uvas en una mejilla y acabó pareciendo una ardilla. Lucía casi se atragantó de la risa, y Marina no paraba de decir “¡Campanada, uva, campanada, uva!” para practicar.

Cuando el reloj de la abuela empezó a dar las campanadas, las niñas intentaron comer las uvas al ritmo. Pero entre risas y bromas, una se cayó al suelo, otra fue a parar dentro de una zapatilla y la última rodó hasta el borde de la ventana.

—¡No importa! —dijo Lucía, con la boca llena de uvas—. ¡Lo importante es pedir el deseo!

Las tres cerraron los ojos y pidieron un deseo en silencio. Luego, al abrirlos, se abrazaron fuerte.

—¿Sabéis qué? —dijo Marina—. Este está siendo el mejor comienzo de año de mi vida.

Lucía asintió y Valentina, con voz solemne, proclamó:

—Propongo que cada año celebremos el año nuevo aquí, en la casa del árbol, y que cada vez nuestras resoluciones sean aún más divertidas y locas.

Marina estiró la mano y las tres chicas chocaron los cinco.

Capítulo 4: Descubriendo lo Importante

Después de la fiesta, la abuela de Marina las arropó con mantas suaves y les contó historias de cuando ella era pequeña y también hacía resoluciones, aunque la suya favorita había sido aprender a hacer la croqueta perfecta (y todavía lo intentaba).

Marina, medio dormida, pensó en lo que había aprendido esa noche. Se dio cuenta de que lo más divertido no era solo escribir las resoluciones, sino compartirlas con sus amigas y reír juntas de los errores, los tropiezos y hasta de las uvas rodando por la casa del árbol.

—Oye, Valen —susurró—, ¿de verdad vas a cantar en la fiesta de la escuela?

Valentina se tapó la cara con la manta, pero luego asomó la cabeza y dijo:

—Solo si vosotras me acompañáis.

Lucía alzó la mano como si fuera en clase:

—¡Trato hecho! Pero yo toco la pandereta porque cantar no es lo mío.

—Y yo hago los coros, pero solo si me dejas llevar una gorra de purpurina —añadió Marina.

Las tres rieron bajito, y el viento de la noche les trajo el sonido de más fuegos artificiales.

Al día siguiente, al despertar entre risas y el olor de chocolate caliente, Marina miró la libreta de resoluciones. Algunas eran difíciles, otras divertidas, y unas un poco locas. Pero lo más bonito era saber que, con sus amigas, cualquier cosa era posible.

—¡Feliz año nuevo, chicas! —dijo Marina, estirándose como un gato.

—¡Feliz año nuevo! —gritaron Lucía y Valentina, abrazándose entre las mantas.

Y así, en la casa del árbol más festiva del mundo, las tres amigas aprendieron que crecer no era solo hacerse más alta, sino también reírse de los tropiezos, apoyarse siempre… y, claro, ¡nunca dejar que una uva se escape rodando!

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Purpurina
Un material brillante y colorida que se usa para decorar cosas, como tarjetas o ropa.
Resoluciones
Promesas que hacemos a nosotros mismos para mejorar o hacer algo nuevo en el año que comienza.
Deseo
Algo que queremos que suceda o que deseamos con todas nuestras fuerzas.
Campanadas
Los sonidos que hace un reloj al marcar la hora, especialmente en ocasiones especiales como el año nuevo.
Atragantarse
Cuando algo se queda atascado en la garganta y no podemos tragarlo bien.
Pandereta
Un instrumento musical que se toca con las manos y hace ruido al sacudirlo, tiene pequeñas sonajas.

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