Cargando...
Cuento de San Valentín 7/8 años Lectura 9 min.

Cartas y sonrisas

Mateo, un niño creativo, escribe cartas y visita una casa de retiro con su clase para compartir dibujos, historias y sonrisas, descubriendo que las pequeñas acciones unen generaciones.

Descargar este cuento en PDF

¡Ideal para compartir o imprimir este cuento!

Descargar el e-book (.epub)

Lea este cuento en su lector de libros electrónicos.

Un niño de 8 años, rostro redondo, cabello castaño despeinado, ojos avellana y sonrisa tímida, ofrece una pequeña carta decorada con un gato con sombrero; una mujer de unos 75 años, cabello blanco recogido, arrugas suaves y sonrisa amplia, la recibe con mano temblorosa sentada en un sillón a la derecha; un hombre de unos 78 años, gafas metálicas y chaqueta a cuadros, está detrás del sillón a la izquierda mostrando una vieja foto; una enfermera de unos 30 años, coleta roja y bata pastel, arregla pasteles en forma de corazón en segundo plano; escenario: salón de residencia decorado para San Valentín con guirnaldas y globos en forma de corazón, mesa con chocolate caliente y galletas, luz de tarde suave que crea una atmósfera cálida y festiva. reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1: La carta que casi se escapa

Mateo tenía ocho años y el bolsillo de su chaqueta siempre olía a naranja y a lápices nuevos. Era un día de San Valentín y la ciudad estaba salpicada de corazones de papel pegados en las ventanas. Mateo caminaba con paso ligero, como si sus zapatos supieran bailar.

En la escuela la maestra dijo: "Hoy vamos a enviar algo bonito a la casa de retiro del barrio. Algo que haga sonreír." Mateo sintió un cosquilleo en la barriga. Quería que su carta fuera especial. No sería solo un "te quiero" escrito rápido. Sería una carta con colores, rimas y pequeñas sorpresas.

En casa, la mesa del comedor se convirtió en taller. Había papel de colores, pegatinas en forma de estrellas, y gomitas rojas que Mateo prometió no comerse (aunque abrió una, por si acaso). Su mamá le dio una caja de lápices y le dijo: "Recuerda poner tu mejor sonrisa en cada frase." Mateo sonrió con tanta fuerza que una de sus mejillas hizo un pequeño sonido de sorpresa.

Mateo empezó a escribir. "Queridos amigos de la casa de retiro," escribió con letra grande y saltarina. Luego dibujó un sol con lentes de sol y una galleta que parecía aplaudir. Cerró la carta y la metió en un sobre. En el sobre, pegó un sello de un gato con sombrero. "Así sabrán que vine con amigos", murmuró.

Mientras se levantaba, el sobre casi salió volando por la ventana abierta. Mateo lo atrapó con los dedos y dijo: "¡No te vayas! Quiero que llegues hasta sus manos." Lo colocó en la caja de la escuela y se fue con la mochila que olía a naranja.

Capítulo 2: El camino de los aromas

El bus olía a goma de mascar y a jabón. Mateo se sentó junto a la ventana y miró cómo los árboles saludaban con hojas. En la plaza, una pareja de ancianos paseaba un perro pequeñito que parecía una nube. Mateo pensó en la casa de retiro como una casa grande con muchas ventanas que guardan historias.

Al llegar, la entrada estaba decorada con guirnaldas de corazones. Una enfermera con una coleta roja los recibió y dijo: "Qué alegría verles. Hoy habrá canciones y chocolatinas." Mateo sintió que su carta latía de emoción dentro de su mochila.

Dentro, los pasillos olían a té de manzana. Había sillones como montañas suaves y plantas que saludaban con hojas verdes. Mateo entregó la caja con las cartas. Una señora con el pelo blanco como algodón le dio las gracias con una voz que parecía música de campanas. "Gracias, pequeño", dijo. "Las cartas son como abrazos en papel."

Un anciano con gafas redondas se acercó y miró la carta de Mateo. "¿Has hecho esto tú?" preguntó con curiosidad. Mateo asintió y su corazón se hizo redondo como una pelota. "Sí. Quería que supieran que no están solos." El anciano sonrió y mostró una foto antigua en su cartera: era un grupo de amigos bailando con sombreros y confeti. "Antes hacíamos concursos de sombreros", dijo con ojos brillantes. Mateo imaginó a ese grupo bailando y escuchó una risa que sabía a chocolate caliente.

Capítulo 3: Una tarde que se llena de risas

Había una mesa con carteles que decían "Manualidades" y "Cuentos para compartir". Mateo se sentó entre una chica que tejía y un señor que contaba chistes. "¿Quieres ayudar a decorar tarjetas?" le ofrecieron. Mateo puso pegatinas, dibujó corazones y escribió un verso tonto: "Si las nubes fueran confeti, te enviaría un cielo entero."

Los habitantes de la casa empezaron a contar historias. Una señora contó cómo en su juventud aprendió a tocar la trompeta para conquistar una sonrisa. Un hombre relató cómo ganó una carrera de sacos en un pueblo lejano y todavía guardaba la medalla en un cajón. Mateo escuchaba con los ojos grandes, como platos de luna. Cada historia hacía que el lugar se llenara de luz.

"¿Y tú, Mateo?" preguntó la señora del cabello blanco. "¿Tienes una historia?" Mateo pensó un segundo y dijo: "Una vez mi perro se comió mis deberes." Todos rieron. Un señor exclamó: "¡Si tu perro pudiera escribir, nos enviaría novelas!" Las risas sonaron suaves, como plumas cayendo.

Después, sacaron chocolate caliente y galletas en forma de corazón. Mateo ofreció una galleta al anciano de las gafas redondas. El anciano la tomó con manos temblorosas y dijo con una mueca de sorpresa: "¡Esta galleta sabe a fiesta!" Mateo sonrió. El cuarto olía a chocolate, a papel y a historias compartidas.

Capítulo 4: Regalos que no caben en cajas

Al final de la tarde, Mateo decidió que la carta no era suficiente. Quería dejar algo más. Se acercó a la enfermera y preguntó: "¿Puedo organizar una visita con mi clase otra vez?" La enfermera asintió y dijo: "¡Claro! Aquí nos encantan las visitas."

Mateo se fue con la promesa en el bolsillo. De regreso a casa, su mochila parecía más ligera. Había descubierto que las sonrisas y las historias eran regalos que no cabían en cajas. En los días siguientes, Mateo y su clase prepararon más cartas, dibujos y pequeñas esculturas de plastilina. Ensayaron canciones tontas y bailes de manos, esos que se hacen en corro y siempre terminan con risas.

Cuando volvieron, la casa los recibió como una fiesta que no termina. Los ancianos bailaron con pañuelos y los niños cantaron desafinados pero felices. Una señora cantó una canción que hablaba del mar y de barcos que vuelven a puerto. Al terminar, todos aplaudieron con manos que aplaudían historias y recuerdos.

Antes de irse, el anciano de las gafas sacó la foto del baile con sombreros y la regaló a Mateo. "Que la cuides", dijo. Mateo la guardó con cuidado en su cartera. El anciano le guiñó un ojo y añadió: "Y recuerda volver." Mateo respondió: "Volveré con más historias."

Capítulo 5: Un adiós que dice 'hasta pronto'

El último día, al despedirse, la señora del cabello blanco le puso en la mano un pequeño sobre. "Para ti", dijo. Mateo lo abrió en el camino hacia el bus. Dentro había un dibujo: un sol con lentes de sol, la misma galleta que había dibujado, y una frase: "Gracias por nuestras risas."

Mateo se sentó en el banco de la plaza y miró el dibujo. El viento jugaba con su cabello y la naranja que llevaba en la mochila olía a abrazo.

Al llegar a casa, colocó la foto del baile y el dibujo en su cajita de tesoros. Esa noche, antes de dormir, escribió una nueva carta: "Prometo volver. Traeré más canciones, más galletas y mis juegos de manos." Cerró el sobre y lo besó, como si fuera un pequeño barco listo para zarpar.

Al día siguiente, en la escuela, Mateo preparó un cartel que decía: "San Valentín todos los días". Sus amigos le ayudaron a pintar corazones y llevaron una caja llena de cartas. Cuando volvieron a la casa de retiro, los pasillos se llenaron otra vez de chistes, canciones y olor a manzana.

Al despedirse esta vez, Mateo se inclinó y dijo con una voz que era un susurro alegre: "Hasta pronto, amigos." El anciano de las gafas redondas le respondió con una sonrisa que encendía las luces del lugar: "Hasta pronto, pequeño." Mateo dio la vuelta, con las manos en los bolsillos y el corazón lleno. Miró por última vez la ventana donde se veía el salón y pensó en todas las historias que aún quedaban por compartir.

Mientras se alejaba, lanzó un beso con la mano y, como si la palabra fuera una llave, dijo alto y claro: "On se revoit."

Sin publicidad 3€ por mes

¿Desea una lectura sin interrupciones? Apoye a Oh My Tales, elimine todos los anuncios y disfrute de otras ventajas incluidas desde 3€ al mes.

Ver los planes y tarifas
Compartir

reportar un problema con este cuento

¿Qué pensaste de este cuento?

Dén su opinión asignando una nota a este cuento según lo que usted y/o su hijo piensan al respecto. ¡Gracias de antemano!

¡Gracias! ¡Su calificación ha sido tomada en cuenta!

El cuestionario: ¿has entendido bien el cuento?

Salpicada
Llena de pequeñas manchas o trozos, como si algo la hubiera salpicado.
Taller
Lugar donde se hace o se arregla algo, aquí para crear cartas y dibujos.
Pegatinas
Figuras con pegamento por detrás que se pegan en papel u otros objetos.
Gomitas
Dulces pequeños y blandos, suelen ser de sabores y colores.
Sobre
Bolsita de papel donde se mete una carta para enviarla o guardarla.
Guirnaldas
Decoraciones hechas con papel o tela que se cuelgan en fiestas.
Enfermera
Persona que cuida a los enfermos y ayuda en lugares como hospitales.
Pasillos
Espacios largos dentro de un edificio por donde se camina para ir a las habitaciones.
Sillones
Asientos grandes y cómodos donde se puede sentar y descansar.
Plastilina
Masa blanda que se moldea para hacer figuras y manualidades.

¡Crea un cuento mágico y único para su hijo!

Cree una aventura personalizada en solo unos minutos donde su hijo se convierte en el héroe. ¡Con nuestra herramienta exclusiva, es fácil, gratuito y divertido!

Crear un cuento

Descargue este cuento:

Descargar este cuento en PDF Descargar el e-book (.epub)

¡Recibe nuevos cuentos cada domingo por la noche!

Reciba 7 cuentos emocionantes y cautivadores, adaptados a la edad y gustos de su hijo, cada domingo a las 17h*. ¡Es gratis y garantizado sin spam!
*Correo enviado a las 17h, hora de Europa Central (CET).
No nos gusta tampoco el spam. Así que solo le enviaremos cuentos. Podrá darse de baja cuando lo desee.